Raúl Sánchez nunca tuvo la oportunidad de estudiar en un colegio. Su vida transcurrió desde muy niño en las fincas cercanas al corregimiento de Caracolí, donde se vio en la obligación de trabajar desde pequeño, para obtener lo que necesitaba y, así, subsistir; pues sus padres murieron cuando era muy joven.
Él no tenía ni la más mínima idea de cómo leer o escribir, siempre tenía que pedir ayuda a otra persona cuando necesitaba redactar una carta o leer un aviso.
Con el proyecto ‘Yo, sí puedo’, Raúl no solo aprendió a plasmar sus ideas con un lápiz sobre un papel, sino que además aprendió a contar.






