Ataviado con sombrero de paja, jeans y camisa blanca, instalado en un asiento, aparece un denominado “año viejo”en la carrera 14 del barrio 12 de Octubre de Valledupar. Este fue elaborado con esmero y dedicación por Herminia Flórez, quien todos los años acostumbra seguir una tradición heredada de sus abuelos.
“Junto con mis hijos lo rellenamos de papel, retazos de tela y pólvora. Lo más emocionante es cuando llega la media noche del 31 de diciembre y lo encendemos. Previamente cada uno de los integrantes de la familia le coloca al interior de su vestimenta papeles donde escriben esos hechos negativos que quieren dejar atrás”, comentó la mujer de 55 años, quien se muestra orgullosa de su obra, la cual es curioseada por grandes y chicos que pasan por el lugar.
Así como ella muchas personas en la ciudad, el resto del país y en muchos lugares del mundo suelen construir un año viejo que es incinerado, pretendiendo alejar con él todas las penas, fracasos y sufrimientos del año que termina. Aunque anteriormente eran más frecuentes verlos por las calles, terrazas y parques, la tradición con algo de timidez aún se conserva.






