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Columnista - 16 marzo, 2010

Garantizada la reinstitucionalización

BITÁCORA Por: Oscar Ariza Daza Una nueva era política inicia en el Cesar;  etapa que va más allá del mero cambio de protagonistas nominales para la Cámara y el Senado, pues por encima del caos informativo que se quiso fomentar en campaña, se eligió a gente buena, con mucha calidad profesional, con liderazgo suficiente para […]

BITÁCORA

Por: Oscar Ariza Daza

Una nueva era política inicia en el Cesar;  etapa que va más allá del mero cambio de protagonistas nominales para la Cámara y el Senado, pues por encima del caos informativo que se quiso fomentar en campaña, se eligió a gente buena, con mucha calidad profesional, con liderazgo suficiente para volver a pensar en ocupar posiciones privilegiadas a nivel nacional, sin riesgo de volver a ser estigmatizados.
Necesitábamos gente renovada en el Congreso como Félix Valera Ibáñez y Yensi Acosta Castañez; hombres alejados de las estructuras anacrónicas  que se resistían a darle paso a nuevas generaciones.
El Cesar eligió con firmeza, consciente de la necesidad de fundamentar el ejercicio del poder desde una perspectiva consensual basada en la preparación y la decencia, para  no ser protagonistas del cuento más corto del mundo, de Augusto Monterroso, “y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
El Cesar tiene derecho a modernizarse, reestructurando una nueva conciencia de  época que se aleje del modelo feudal de quienes se creían sus dueños, pero que hoy han sido derrotados y deslegitimados en las urnas, pues soportaron sus propuestas en apellidos y capitales económicos desmedidos, que interesaron a pocos,  lo que hizo que muchos evitaran que los mismos clanes familiares siguieran administrando a su antojo los destinos de un orden social que pide decencia y pulcritud en la manera de actuar y legislar; conceptos desconocidos para aquellas generaciones políticas que temieron enfrentar estos procesos con dimensión ética para generar cambios de fondo como los que se iniciaron hace más de dos años en el departamento.
Los más de sesenta mil votos de respaldo a estos dos jóvenes políticos permiten pensar  que nuestra sociedad tuvo elementos de juicio suficientes para elegir al senador y representantes más idóneos para el futuro del departamento, con plena garantía de que los factores de corrupción no primarán sobre el querer de la gente.
Este acompañamiento ratifica que el Cesar sí cree, respalda y  sigue apostando a la política de reinstitucionalización del departamento, para que revivan los valores, para que sean la decencia y la honradez los pilares fundamentales que modelan la política de lo público en el Cesar.
El mensaje del electorado es claro. El voto de opinión ya no cree en comentarios perversos y tendenciosos de esa emisora que despotrica, blasfema, irrespeta y violenta los principios democráticos y de gobierno basados en la decencia, pues ante los ataques y los afanes por desorientar a la gente, han terminado por convertirse en un medio sin credibilidad y como respuesta de aquellos que creen y tienen fe en que las cosas se hacen con calma y correctamente, está la elección de dos hombres que con sus acciones y posturas éticas, le dan coherencia al proyecto institucional de recuperar el Cesar de las manos de quienes con sus acciones encarnan la inmoralidad que ya comienza a ser cosa del pasado.
Parodiando versos de Aurelio Arturo, resalto la actitud de este Cesar donde el verde es de todos los colores, donde el sur y el norte fueron un solo corazón y un solo grito, una sola voz que clamaba decencia y que exigía mantener la reinstitucionalización. El verde y el azul fueron un clamor de vida, democracia y nuevas oportunidades.
Con esta elección la gente defendió aquello que no está dispuesto a negociar: la tranquilidad y el respeto por la diversidad, por la diferencia. El Cesar al que aspiramos, lejos del color, sigue despierto y atento a transitar por ese sendero de vida distinto al del pasado,  con una excelente segunda oportunidad de cambio, para que trabajar en el sur y en el norte vuelva a ser bueno, para que haya elogio a la dificultad, porque en ella están las oportunidades de crecimiento que no nos brinda el facilismo con que se pretendió sostener nuestro porvenir.
Felicitaciones a todos los Representantes y Senadores. Bienvenido el progreso en manos de todos aquellos que fueron elegidos desde este ejercicio democrático  insuperable e inquebrantable, porque  ser Cesarense al igual que colombiano  es un acto de fe en nuestros valores, tal como decía Borges.
[email protected]

Columnista
16 marzo, 2010

Garantizada la reinstitucionalización

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Oscar Ariza Daza

BITÁCORA Por: Oscar Ariza Daza Una nueva era política inicia en el Cesar;  etapa que va más allá del mero cambio de protagonistas nominales para la Cámara y el Senado, pues por encima del caos informativo que se quiso fomentar en campaña, se eligió a gente buena, con mucha calidad profesional, con liderazgo suficiente para […]


BITÁCORA

Por: Oscar Ariza Daza

Una nueva era política inicia en el Cesar;  etapa que va más allá del mero cambio de protagonistas nominales para la Cámara y el Senado, pues por encima del caos informativo que se quiso fomentar en campaña, se eligió a gente buena, con mucha calidad profesional, con liderazgo suficiente para volver a pensar en ocupar posiciones privilegiadas a nivel nacional, sin riesgo de volver a ser estigmatizados.
Necesitábamos gente renovada en el Congreso como Félix Valera Ibáñez y Yensi Acosta Castañez; hombres alejados de las estructuras anacrónicas  que se resistían a darle paso a nuevas generaciones.
El Cesar eligió con firmeza, consciente de la necesidad de fundamentar el ejercicio del poder desde una perspectiva consensual basada en la preparación y la decencia, para  no ser protagonistas del cuento más corto del mundo, de Augusto Monterroso, “y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
El Cesar tiene derecho a modernizarse, reestructurando una nueva conciencia de  época que se aleje del modelo feudal de quienes se creían sus dueños, pero que hoy han sido derrotados y deslegitimados en las urnas, pues soportaron sus propuestas en apellidos y capitales económicos desmedidos, que interesaron a pocos,  lo que hizo que muchos evitaran que los mismos clanes familiares siguieran administrando a su antojo los destinos de un orden social que pide decencia y pulcritud en la manera de actuar y legislar; conceptos desconocidos para aquellas generaciones políticas que temieron enfrentar estos procesos con dimensión ética para generar cambios de fondo como los que se iniciaron hace más de dos años en el departamento.
Los más de sesenta mil votos de respaldo a estos dos jóvenes políticos permiten pensar  que nuestra sociedad tuvo elementos de juicio suficientes para elegir al senador y representantes más idóneos para el futuro del departamento, con plena garantía de que los factores de corrupción no primarán sobre el querer de la gente.
Este acompañamiento ratifica que el Cesar sí cree, respalda y  sigue apostando a la política de reinstitucionalización del departamento, para que revivan los valores, para que sean la decencia y la honradez los pilares fundamentales que modelan la política de lo público en el Cesar.
El mensaje del electorado es claro. El voto de opinión ya no cree en comentarios perversos y tendenciosos de esa emisora que despotrica, blasfema, irrespeta y violenta los principios democráticos y de gobierno basados en la decencia, pues ante los ataques y los afanes por desorientar a la gente, han terminado por convertirse en un medio sin credibilidad y como respuesta de aquellos que creen y tienen fe en que las cosas se hacen con calma y correctamente, está la elección de dos hombres que con sus acciones y posturas éticas, le dan coherencia al proyecto institucional de recuperar el Cesar de las manos de quienes con sus acciones encarnan la inmoralidad que ya comienza a ser cosa del pasado.
Parodiando versos de Aurelio Arturo, resalto la actitud de este Cesar donde el verde es de todos los colores, donde el sur y el norte fueron un solo corazón y un solo grito, una sola voz que clamaba decencia y que exigía mantener la reinstitucionalización. El verde y el azul fueron un clamor de vida, democracia y nuevas oportunidades.
Con esta elección la gente defendió aquello que no está dispuesto a negociar: la tranquilidad y el respeto por la diversidad, por la diferencia. El Cesar al que aspiramos, lejos del color, sigue despierto y atento a transitar por ese sendero de vida distinto al del pasado,  con una excelente segunda oportunidad de cambio, para que trabajar en el sur y en el norte vuelva a ser bueno, para que haya elogio a la dificultad, porque en ella están las oportunidades de crecimiento que no nos brinda el facilismo con que se pretendió sostener nuestro porvenir.
Felicitaciones a todos los Representantes y Senadores. Bienvenido el progreso en manos de todos aquellos que fueron elegidos desde este ejercicio democrático  insuperable e inquebrantable, porque  ser Cesarense al igual que colombiano  es un acto de fe en nuestros valores, tal como decía Borges.
[email protected]