Terminó el Festival Vallenato y la corona de Rey de Piqueria Mayor quedó en manos de Jaider Daza Bolaño. Pero más allá del ganador oficial, en las tarimas de la competencia hubo una historia que se robó el show.
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El ambiente en el tradicional parque Los Algarrobillos cambió cuando Rodrigo Rosado subió a la tarima. A diferencia del resto de los participantes, vestía su uniforme azul de agente de tránsito del municipio de San Diego, población ubicada a media hora de Valledupar. Esa imagen rompió con el molde visual de los verseadores y capturó de inmediato las miradas del público durante las rondas eliminatorias de la piqueria, una modalidad que exige agilidad mental para improvisar cuartetas y décimas.
A sus 63 años, Rosado demostró que conoce las reglas de la rima tan bien como las normas de movilidad. Aunque en esta edición avanzó hasta las semifinales del duelo de versos, no logró el cupo para la noche de cierre en el Parque de la Leyenda Vallenata. Sin embargo, su paso por el escenario dejó una marca. Para él, la música es una herencia que lo acompaña desde los siete años y que solo pausó por una prioridad mayor: la crianza de sus hijos.






