Algunos están recibiendo clases de acordeón desde antes de los seis años, incluso cuando necesitan ayuda para cargar el instrumento. Desde entonces en los ensayos y clases se escucha el compás de la puya, el merengue, son y el paseo.
El aprendiz obediente que no supera los 12 años solo toca lo que el maestro enseña. Recién se está sembrando la semilla. Pero aparece la adolescencia y cada acordeonero empieza a tomar decisiones sobre su carrera artística.
Y muchos se sirven del Festival de la Leyenda Vallenata para dar los frutos y empezar a mostrarse. La categoría juvenil es ese espacio donde “se consolidan muchos artistas para salir a hacer faenas musicales con los grupos artísticos”, define Fernando Villegas, coordinador de las categorías infantiles femenino y masculino en los concursos del Festival de la Leyenda Vallenata.











