La última vez que a Nohemí Pacheco Zabatá la vieron con vida, el reloj marcaba las 2:00 de la madrugada del 9 de febrero de 2005. Tenía los harapos con los que dormía, los pies descalzos, y atendía en su humilde choza a unos hombres armados que de manera violenta llegaron dando órdenes.
Los habitantes del resguardo indígena no comprendían muy bien lo que sucedía, y mucho menos Nohemí Pacheco, de 13 años de edad, y su esposo, Hermes Enrique Carrillo Arias, de 23. Aun así, a la pareja los obligaron a salir a la fuerza de su rancho, acusándolos de ser colaboradores del frente 59 de las FARC que operaba en la región.
Los pusieron a caminar con ellos para bajar de la vereda Pontón del corregimiento de Atánquez, zona rural Valledupar.











