Los rumores para la época marcaban el epitafio de la tumba que llevarían consigo los señalados. Así como sucedió con Néstor Oñate Arias: el kankuamo que de boca en boca y desinformación pasó de ser un simple campesino a un miliciano del ELN en el corregimiento de Atánquez, zona rural de Valledupar.
Todo comenzó el 16 de abril del año 2004. El entonces comandante del pelotón ‘Dinamarca 2’, subteniente Elkin Leonardo Burgos Suárez, pidió autorización para realizar un desplazamiento hacia la parte alta de Atánquez con el fin de hacer registro y control de área. No obstante, los planes en realidad obedecían a otros, Burgos quería llegar a la casa de Néstor Oñate Arias con los soldados.
Necesitaba una baja. Además informantes, carentes de toda prueba, le dijeron que Néstor Oñate militaba en el Ejército de Liberación Nacional, ELN.











