Cuando se encontraban recolectando café en una finca cercana al municipio de Pueblo Bello, Albeiro Flórez Hernández y su compañero Edgar Beltrán Hurtado se vieron sorprendidos por los pasos de unos hombres con botas de caucho y camuflaje que inesperadamente llegaron al predio.
En sus manos tenían armas con las que enfundaron el terror y se pudieron llevar a los jóvenes que estaban recién llegados en busca de ayudar económicamente a sus familiares que vivían en el municipio de Luruaco, Atlántico.
Los fines de los muchachos, sin duda, poseían una valerosa intención, pero eso a los hombres no les importó, pues ellos llegaron con el motivo de entregar un ‘positivo’ a unos coterráneos y así lo cumplieron.











