La sociedad hoy día obliga a tomar partido en cualquier tendencia mediática. No tolera la neutralidad, o un punto de vista divergente: es la máxima traición. El detalle es que, en posturas contrarias, tomar parte de una de ellas no garantiza la verdad subyacente que está bajo la realidad apenas visible.
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Para fraguar una conspiración se necesitan dos personas. Y en las conspiraciones la mayoría de las veces confluyen muchas más. Estas conspiraciones suelen ser secretas por lo que, en algunas ocasiones, cuando la verdad no ha sido totalmente revelada o no ha sido suficientemente estudiada y analizada hermenéuticamente, se puede tomar partida en una postura errada, siendo un instrumento útil de dicha postura sin saberlo.
















