(…) Entonces se da comienzo a una tercera historia.
Vientos libertarios soplaban en los virreinatos de América en las postrimerías del siglo XVIII. Noticias detalladas de un malogrado alzamiento del pueblo raso trajo a Valle de Upar el joven Manuel Antonio de Torres, afiebrado amigo de los enciclopedistas franceses, que había mostrado simpatía con la revuelta de los Comuneros, lo que le ganó sinsabores con su ilustre tío, el arzobispo y virrey Caballero y Góngora en Santafé de Bogotá, de donde, mal visto por sus ideas, se
vino a un exilio por voluntad propia en afanes de hatos y comercio de vacunos.
Se precipitan los acontecimientos. Pronto voló la mala nueva de que el rey de las
Españas, don Carlos IV de Borbón y su hijo el príncipe Fernando, están cautivos en un castillo de Bayona, en tierras de Francia por una artimaña de Napoleón Bonaparte. Se crean guerrillas en la península ibérica contra las tropas francesas de ocupación y se organizan Juntas de Gobierno en España y en América para la desobediencia civil.
















