Al igual que en el país, el ejercicio periodístico en la región Caribe se ha desarrollado en medio del conflicto: en un primer momento, la Bonanza Marimbera cobró la primera víctima documentada y posteriormente el narcotráfico. La aparición de las estructuras guerrilleras, los grupos paramilitares y la clase dirigente y política corrupta han sido los actores que han impuesto la violencia a los periodistas de la región Caribe.
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La combinación de todas las formas de violencia y de actores del conflicto con sus rituales de la muerte y de prácticas de silenciamiento contra el periodismo del Caribe ha dejado una lamentable cifra de asesinatos de trabajadores de los medios que reposan en la lista de periodistas asesinados de la FLIP y están documentados por el Centro Nacional de Memoria Histórica. Además de la eliminación física de la víctima, los daños a la familia y a la región comunicativa, otra de las consecuencias es el silenciamiento colectivo en el marco de una práctica sistemática y selectiva contra el periodismo de Colombia y el Caribe, generando atrasos y pocos desarrollos democráticos en el Estado local y permitiendo que los mismos gobernantes y castas políticas se perpetúen en el poder con sus prácticas maniqueístas a través de las cuales el periodismo critico se convierte en un ‘elemento desviado’. Una sociedad informada toma mejores decisiones. Luego entonces: ¿a quién le conviene la autocensura, censura y silenciamiento de la prensa?
















