“… Una señora patillalera muy elegante; vestía de negro causó en el valle una gritería porque la nieta que más quería, la pechichona, la consentida, un dueño de carro cargó con ella…”
Procedente de Patillal, Juana Arias llegó a Valledupar en busca de su amigo y confidente Rafael Escalona Martínez para pedirle ayuda y a la vez apoyo por cuanto una de sus nietas un dueño de carro cargo con ella. El maestro la escuchó detenidamente y decidió llevarla donde el alcalde de Valledupar de esa época, Pepe Castro.
El propósito de la visita era denunciar el rapto de su nieta Juana Bartola, quien la noche anterior se había fugado con Alex, conocido como ‘El Perreyeye’, hombre mayor, trabajador y experimentado, coqueto y conquistador; de sombrero alón, vestido con apariencia de ranchero texano, con botas de vaquería y revólver al cinto; era comerciante de tabacos y de Wiski traídos de contrabando desde Portete hasta la Capital. Mercancía transportada en su flamante automotor y afamado en toda la región como ‘El Chevrolito’.
















