POR PEDRO NORBERTO CASTRO ARAUJO /ESPECIAL PARA EL PILÓN
Fausto, casado y sin hijos había tenido limitaciones para engendrar uno; no por culpa suya sino por una endometriosis de su esposa, quien pese a los esfuerzos millonarios por conseguir que especialistas de alta generación lograran fecundar el ovulo del ser más anhelado.
Fueron muchos años de impaciencia y de desdén; a pesar de quererse necesitaban el consuelo de unos chiquitines a quienes brindarle abrigo y ternura.
















