Los filósofos son una rara especie animal caracterizada porque entre ellos no se creen nada de lo que dicen, mientras que los no filósofos los escuchan como si las suyas fueran la palabra de Dios en la tierra. Por ello, personajes como Heidegger en la Alemania de Hitler y Bruno Latour en los Estados unidos de Trump sentaron las bases de movimientos perversos: abrazados por estos demagogos de turno, en un caso llevaron a Europa al exterminio y destrucción, y en el otro impulsan movimientos contra el cambio climático que puede a acabar con la humanidad entera.
Una característica esencial del pensamiento de ambos es su crítica a la modernidad y la negación de la ciencia como cúspide del pensamiento racional: según estas corrientes, la “doctrina” científica, si es que hay algo así, depende del contexto social e histórico. Todo es relativo, pregonaban tergiversando la teoría de Einstein, que afirmaba más bien lo contrario: Dios no juega a los dados.
















