Para mí, tengo que decir, Jorge Dangond merece una estatua, por la bondad de sus pensamientos y sentimientos, y por ser el fundador del barrio más prestante de Valledupar, porque como una paradoja, no nació el barrio Novalito con familias ricas en dinero, pero si con una gran identidad pluricultural: allí floreció la Cruz Roja con las Damas Grises Rosarito Aroca de Urbina ejemplar educadora, Ruth Ariza Cotes, doña Mercedes Estrada, y Hena de Isaac.
Por las madrugadas se escuchaban las guitarras de Hugues Martínez y los poemas musicales de Santander Durán, también los cantares del creador del romanticismo Gustavo Gutiérrez en la banda Shanghái, la educación se inició con la escuela en la plaza, donde recuerdo la dulzura pedagógica de Asunción Díaz, Ena Ovalle, Marlen Tous, Silvia Araque. María Cecilia Ochoa y Elvira Gutiérrez, hija del eterno notario don Anais Gutiérrez, pero también con la presencia del colegio Disneylandia, de Ruth Ariza Cotes, donde convivían los alumnos pobres con los ricos.
















