Este elegante hombre, alto y de ojos azules, cuya ascendencia se remonta a la cultura francesa, llegó en buena hora a esta cálida ciudad. Su físico corpulento contrastaba con la ternura de su alma: amaba a los niños, y vino a esta tierra para mejorar la calidad de vida de sus moradores.
Su abolengo y su aristocracia fueron el pensar en la educación y la recreación de los niños del barrio que fundaría, pero además pensando en la seguridad de sus padres, al lado de su carismática esposa, doña Elisa Castro Palmera, cofundadora de la Liga de Lucha Contra el Cáncer.
Corría el año de 1955 y estaba de presidente el general Gustavo Rojas Pinilla y lo nombra como alcalde de Valledupar, en el año de 1955. Su primera meta al llegar a este cargo, fue la de mejorar las condiciones de vida de sus empleados y de los obreros que trabajaban bajo su cargo. Fue así como hizo realizar un diagnóstico donde se reflejaba qué personas carecían de vivienda propia entre sus empleados.
















