Al joven Manuelito (Lito) con frecuencia le solicitaban el que en su carro de mula les trajeran una leña, o unas gallinas o cualquier otro producto de esa pequeña granja de Nacho; pero como la trocha que iba hasta allá era muy pedregosa, con muchos charcos y barro en invierno, él siempre les contestaba: “allá no va Lito, porque ¿quién me paga mi carroemula cuando se dañe”? Una y otra vez, la respuesta era la misma: “ALLÁ NO VA LITO”. De tanto repetir esta negativa la gente decía: ”vé, tráeme en tu burro una carga de leña de allá a donde no va Lito ; otro decía: ‘’vé tráeme tres gallinas de allá a donde no va Lito, y se volvió así muy familiar el nombre de este lugar a donde no iba Lito por nada del mundo.
Con el tiempo por aquello de que nuestro aparato fonoarticulador trata de unir o acortar las palabras por hacer menos esfuerzo, el lugar quedó bautizado con una sola palabra: de no va Lito a NOVALITO. Lo anterior sucedió con Valle de Upar, que lo convertimos en Valledupar, y con el caso de purrú-tu-tu, que convertimos en el apodo de la Purrututú.
















