Por: Maríaruth Mosquera / EL PILÓN
Un hombre lleno de años y sabiduría descubre una caja alargada en forma de radiola vieja, con pared de arpa, que en su interior tiene un madero lleno de clavos y notas musicales que parecen las letras una máquina de escribir; en un extremo tiene una manivela que el hombre gira como si se tratara de una faena de molienda para, ante el asombro de todos, obrar el milagro de la música. Es la tumba, una caja musical antigua de origen europeo, que ameniza una de las formas musicales más importantes de Curazao, donde celebran cada año el Festival de Tumba.
La tumba arribó a Riohacha este jueves 21 de marzo, por el aeropuerto Almirante Padilla, traída por una delegación de más de treinta personas procedentes de Curazao que llegaron a la capital guajira para unirse al homenaje que año tras año se le hace a la figura más emblemática del folclor vallenato con un festival que lleva su nombre: Francisco el Hombre. Y así fue como la tumba y el vallenato empezaron una relación que se pronostica fuerte, dado el hermanamiento que ya se tejió entre los dos territorios caribeños: La Guajira y Curazao, país invitado al Festival Francisco el Hombre.
















