Especial

En La Paz, Elsa y Antonio tampoco tienen quien les escriba

En la sala de la vivienda de los Bustillo Zuleta hay un viejo pilón de maíz que Elsa quiere vender –quizá, en un intento desesperado por solventar necesidades apremiantes–.

La historia se repite. No hace falta ser coroneles, como en la novela de García Márquez, para no tener quien les escriba el mensaje por tanto tiempo esperado, notificándoles que por fin podrán recibir la anhelada pensión. Elsa Zuleta y Antonio Bustillo, pareja de adultos mayores residente en La Paz, sueñan con ser retribuidos dignamente, como muchos adultos mayores en el Cesar y en Colombia, por sus servicios prestados en el sector público.

–A él le pusieron su pensión de más de dos millones, que era lo que se ganaba, pero después nos embaucaron en la Alcaldía municipal y ahora recibe son recursos de lástima, menores a un salario mínimo –declara Zuleta. 

Zuleta, según refiere, trabajó en el entonces Instituto de Mercadeo Agropecuario –Idema– entre 1980 y 1988. A tenor de su relato, firmó su salida de esa extinta entidad por evitar manejos corruptos en la empaquetadura de sales agropecuarias. 

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