El embarazo adolescente es considerado una “trampa de pobreza”, porque conlleva una serie de consecuencias físicas, psicológicas, económicas y sociales. Ser madre adolescente, sobre todo para las menores de 18 años, antes de que el cuerpo esté totalmente formado conlleva riesgos de morbilidad y mortalidad materna y perinatal y alto riesgo de bajo peso al nacer para el recién nacido. Desde el punto de vista psicológico, muchas madres-niñas o madres-adolescentes, no están preparadas emocionalmente para cambios tan drásticos en sus vidas.
Finalmente, la gran mayoría de madres-adolescentes, no han terminado siquiera la educación secundaria y las estadísticas nos dicen que una vez tienen el bebé, el 80% de ellas no retorna a culminar sus estudios. De tal manera que una madre- adolescente, que no cuenta siquiera con el título de bachiller difícilmente va a encontrar un enganche laboral formal y ventajoso económicamente para ella.
Al contrario, caerá en la informalidad o desempleo, y por ello no podrá brindarle a su recién nacido una estabilidad económica ni un crecimiento saludable. Todo esto es lo que atrapa a las adolescentes, en una trampa de pobreza.
















