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El músico que se fue pa’ La Loma

“Con un golpecito en la frente el señor cayó en cuenta de su olvido y exclamó: ¡La música!”

En el séptimo día mientras el señor descansaba de la creación del mundo, recordó que, en La Loma, un punto nostálgico del municipio de El Paso, no había puesto ni un solo músico.

Interrumpió su descanso aquella mañana sabatina de génesis y preocupado miró hacia este punto y repasó de memoria las virtudes que incrustó en esta bella tierra.  Ahí estaban a la vista celestial un puñado de hombres y mujeres pujantes, una mina a cielo abierto asignada por el azar de la naturaleza, por el dardo de la suerte en la ruleta de la distribución de las riquezas, el rio calenturitas que serpenteaba inquieto en sus sabanas, las calles de las vacas, largas e interminables por donde se deslizaba el ganado orondo y gordo, pero, aunque todas esas riquezas fueron despachadas a grandes cucharadas, se sentía un silencio fantasmal.

Con un golpecito en la frente el señor cayó en cuenta de su olvido y exclamó: ¡La música!

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