“Ten cuidado mariposa de los pérfidos amores, no te cieguen los fulgores de una falsa pasión”. En la voz de Hugo del Carril, el argentino cantante de tangos, quien, a través de un transistor japonés, seguía al dúo Gilberto Galván, ‘Cabirol’
Era también de su hábito sabatino, ponerse en sintonía con un programa que desde los cafetales del Quindío echaban al aire las voces tangueras de Carlos Gardel, Libertad Lamarque y Raúl Lavié. En ese receptor de batería captaba además el torrente de música del Caribe, en especial de la Sonora Matancera con sus grandes artistas: Bienvenido Granda, Daniel Santos y de Úrsula Hilaria Celia de la Santísima Trinidad Cruz Alfonso, o sea Celia Cruz.
No era extraño que ‘Cabirol’ canturreara bajo el sol tirano del medio día cuando encorvaba su cintura sobre los moldes de ladrillo. Entonces se le oía a media voz: “Vengo a decirle adiós a los muchachos/ porque pronto me voy para la guerra/ y aunque vaya a pelear en otras tierras/ voy a salvar mi derecho, mi patria y mi fe”.
















