Nuestras conductas y actitudes afectan, sin duda alguna, la calidad de vida y condicionan el vínculo con otras personas. ¿Quién no ha sentido alguna vez envidia de otro por lo que hace, usa o lleva puesto? Y quien esté libre de pecado que lance la primera piedra.
En Barranquilla, se utiliza un término extremadamente coloquial para designar al aparentador e incluso al envidioso, un término que se ajusta para definir a aquella persona que quiere mostrarse en una sociedad que le exige ser de tal manera y él con la futilidad y debilidad personal se muestra ante ese “su mundo de ilusión o de mentiras”.
Pero, a pesar que el término se escucha en la boca de los barranquilleros en su gran mayoría, su significado no se escapa a ser copiado en otras regiones con sus sinónimos, igualmente coloquiales. Es común oír a los habitantes de la Sabana, aquí en la Costa, un término: “farto” y si golpea al hablar como los bolivarenses se les escucha diciendo “facto”, el que sufre de fartedad. Así como al guajiro, magdalenense y cesarense se les escucha decir: “pantallero” o “aparentador”.
















