Vivimos en un departamento de indolentes donde ocurren actos barbáricos como el sucedido días previos a los comicios en Gamarra, donde desadaptados incineraron a funcionarios de la Registraduría del Estado Civil. En ese municipio los homicidios y los atracos son el pan de cada día, donde los corruptos en cada contienda electoral hacen su agosto.
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Cómo queremos mostrar al mundo la cara amable de nuestro país si en pleno siglo XXI suceden actos de mucho repudio social, como el ocurrido con el secuestro del padre del jugador del Liverpool, Luis Díaz, un país donde no se acata la ley ni el orden, un país donde se compran conciencias por cuanto la moralidad no existe, un país donde muchos tienen precio y ese valor lo ofertan los corruptos para sanear sus fechorías, desadaptados que agarran del erario, inflando costos en la ejecución de obras públicas y capaces de robarle el alimento a los menores con el fin de untar a los funcionarios de los entes de control.
















