Lo que no entienden los cachacos y críticos es que en la política costeña los líderes deben gozar de la simpatía y del carisma popular, no basta con presentar propuestas ideológicas y poner a consideración del pueblo el programa bandero de gobierno, sino que este debe estar acompañado de los primeros ingredientes sumado al compromiso de una buena ejecución presupuestal representada en obras de beneficio social.
Eso encarnaba ‘Luquita’ Gnecco, lo conocí muy de cerca en 1994, fui su secretario privado, gozaba de una vocación desinteresada y altruista, le gustaba servirle al pueblo. Era un hombre desprevenido y desprendido, no era indiferente a la realidad social que acongojaba al departamento del Cesar. Se afanaba por ejecutar, realizar obras y mantener en perfecto estado las ya existentes.
















