La muerte siempre ha sido motivo de reflexión o misterio para el hombre, algunos la ven como una oportunidad de paz, otros, como los mexicanos, la celebran un día al año. Pero en época de pandemia para esta hay un solo ritual: un duelo a la distancia.
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Ese mismo que ahora se sufre en Valledupar, una ciudad conocida por ser familiar, por la multitud en el ritual de exequias, y que ahora tiene la condena de ver morir lejos a los seres amados. Ya no hay abrazos, ni café que repartir porque sobra el silencio y las sillas vacías en las ceremonias.
















