El peligro que corrían las vidas de su madre y de su hermano motivó a Manuel Julián Quintero Campo a convertirse en unos de los 19.257 donantes voluntarios de sangre del departamento del Cesar.
El estudiante de administración de empresas, de 29 años, acude cada tres meses de forma sagrada a donar sangre, porque la experiencia y el miedo de perder a sus familiares lo hicieron consiente de la necesitad de los otros.
“No es algo que te cueste, no te causa ningún trauma y saber que puedes ayudar a muchos con tu sangre se siente bien”, manifestó.
















