POR RODOLFO ORTEGA MONTERO/ESPECIAL PARA EL PILÓN
El susurro se volvió comentario tomando vuelo de pájaro hasta llegar a los aposentos de todas las casas del poblado convertido en un picante cotilleo.
A la hora del desayuno ya se sabía en el Valle que el padre Vicente haría un llamado de atención a un feligrés de su parroquia La Inmaculada Concepción. Este rumor corrido, como primera fuente, había salido de los labios de Nina Espejero, rezandera de vocación, quien con un velillo sobre su cabeza y una guitarra cantaba el Tamtum Ergo Sacramentum y demás himnos devotos en latín, en los momentos de la eucaristía.
















