La Resolución 181 de Naciones Unidas en 1947, que estableció la partición de Palestina en un estado judío y otro árabe, fue el inicio del despojo de tierras y propiedades a los palestinos. Sin embargo, es importante entender que antes de esta fecha en Palestina existía una convivencia pacífica entre cristianos, musulmanes y judíos. Esta convivencia se vio interrumpida con la llegada del sionismo -movimiento que busca establecer un hogar nacional exclusivamente para los judíos- y las masacres que sufrió el pueblo palestino; como la de Deir Yassin en 1948, un pueblo a las afueras de Jerusalén, donde más de 100 palestinos fueron asesinados por grupos paramilitares judío-sionistas que buscaban sembrar el pánico.
Estos actos de violencia obligaron a una gran mayoría del pueblo palestino a abandonar sus hogares y tierras dentro de lo que hoy se conoce como Israel para salvar sus vidas, generando una población refugiada que alcanza los 5 millones. Esta realidad, conocida como la Nakba o catástrofe, aún perdura en la memoria colectiva del pueblo palestino que reivindica su derecho al retorno.
El 15 de mayo se cumplieron 76 años de esta injusticia y a lo largo de décadas, el pueblo palestino ha permanecido o en la diáspora o recluido en solo dos porciones de lo que era su antigua nación conocidas como Gaza y Cisjordania. Sobre estos territorios Israel mantiene una cruel e ilegal ocupación que, para el caso de Gaza, se ha traducido en un bloqueo férreo desde 2006 con bombardeos permanentes e indiscriminados. Este bloqueo que ha afectado la economía, la vida cotidiana y la supervivencia de la población, fue la antesala al genocidio que hoy Israel está cometiendo.
















