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Columnista - 14 mayo, 2024

En memoria de Moisés Francisco Araújo Barros

Faqui, como cariñosamente lo nombrábamos familiares y amigos, murió a los 73 años de edad, una edad joven para los estándares actuales, lo que le era confirmado por su temperamento naturalmente jovial. Tengo la satisfacción de haber sido su padrino de bautismo. Era oriundo de Urumita, de familias reconocidas y apreciadas. Tuvo magníficos hermanos, hembras […]

Faqui, como cariñosamente lo nombrábamos familiares y amigos, murió a los 73 años de edad, una edad joven para los estándares actuales, lo que le era confirmado por su temperamento naturalmente jovial. Tengo la satisfacción de haber sido su padrino de bautismo.

Era oriundo de Urumita, de familias reconocidas y apreciadas. Tuvo magníficos hermanos, hembras y varones, y pertenecía al hogar formado por sus padres, Moisés Araújo Mejía y Manuela Barros Maestre. Había vivido en Barranquilla, pero hacía muchos años en Valledupar. Allá había trabajado como oficinista en la antigua empresa Corelca, y por sus dones directivos que tenía, allí fue un inteligente amigable componedor en sus funciones de líder sindical. Cuando quiso, porque era cordialmente de condición independiente, se vino a vivir a Valledupar, y continuó sus tareas laborales de manera virtual.

Aquí vivió, en un pequeño edificio situado en el centro-norte del barrio Novalito, pertenece este edificio a la primera generación de cuantos existen en el barrio, cuya esquina nocturna se volvió célebre pues allí concurría todas las noches un grupo muy selecto de amigos atraídos por la simpática hospitalidad del amigo de todos ellos, Faqui. La personalidad convocante era la suya y suyos, generalmente, los temas de aquellas reuniones nocturnas cotidianas. Él fue bachiller, y profesional de la palabra. No había conocimiento que él no supiera, no de cualquier manera, sino, con destreza y el sabor del gusto refinado por el buen humor, bien dicho y a propósito de ilustrar lo que narraba con embeleso de sus contertulios, tales eran sus talentos intelectuales que fluían con naturalidad del abastecimiento innegable con que cuentan los portadores del apellido Araújo.
Los Barros Baquero también tenemos nuestras propias provisiones humanas, nada despreciables. Así, no obstante, sus buenos modales sociales de convivencia, asumía posiciones de carácter firme, sobre cualesquiera asuntos, independientemente de la condición social de la persona con quién trataba.

Había contraído matrimonio con la Dra. Marelys Beatriz Fuscaldo Mendoza, psicológa clínica, con ejercicio profesional en Valledupar. Procrearon a Moisés Francisco, arquitecto, con ejercicio profesional en Barranquilla, y a Larissa, médico, con residencia y ejercicio profesional en la ciudad de San Francisco, USA. A ellos, un copioso número de familiares y amigos, que admiraron su personalidad carismática, venidos de varios lugares, lo acompañamos a su sepultura el día 5 de mayo en el cementerio José María de Alfara de la población Santa Cruz de Urumita, a donde él había dispuesto su reposo definitivo, y el toque de la banda del pueblo, con las piezas musicales elegidas en vida por él. [email protected]

Columnista
14 mayo, 2024

En memoria de Moisés Francisco Araújo Barros

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Rodrigo López Barros

Faqui, como cariñosamente lo nombrábamos familiares y amigos, murió a los 73 años de edad, una edad joven para los estándares actuales, lo que le era confirmado por su temperamento naturalmente jovial. Tengo la satisfacción de haber sido su padrino de bautismo. Era oriundo de Urumita, de familias reconocidas y apreciadas. Tuvo magníficos hermanos, hembras […]


Faqui, como cariñosamente lo nombrábamos familiares y amigos, murió a los 73 años de edad, una edad joven para los estándares actuales, lo que le era confirmado por su temperamento naturalmente jovial. Tengo la satisfacción de haber sido su padrino de bautismo.

Era oriundo de Urumita, de familias reconocidas y apreciadas. Tuvo magníficos hermanos, hembras y varones, y pertenecía al hogar formado por sus padres, Moisés Araújo Mejía y Manuela Barros Maestre. Había vivido en Barranquilla, pero hacía muchos años en Valledupar. Allá había trabajado como oficinista en la antigua empresa Corelca, y por sus dones directivos que tenía, allí fue un inteligente amigable componedor en sus funciones de líder sindical. Cuando quiso, porque era cordialmente de condición independiente, se vino a vivir a Valledupar, y continuó sus tareas laborales de manera virtual.

Aquí vivió, en un pequeño edificio situado en el centro-norte del barrio Novalito, pertenece este edificio a la primera generación de cuantos existen en el barrio, cuya esquina nocturna se volvió célebre pues allí concurría todas las noches un grupo muy selecto de amigos atraídos por la simpática hospitalidad del amigo de todos ellos, Faqui. La personalidad convocante era la suya y suyos, generalmente, los temas de aquellas reuniones nocturnas cotidianas. Él fue bachiller, y profesional de la palabra. No había conocimiento que él no supiera, no de cualquier manera, sino, con destreza y el sabor del gusto refinado por el buen humor, bien dicho y a propósito de ilustrar lo que narraba con embeleso de sus contertulios, tales eran sus talentos intelectuales que fluían con naturalidad del abastecimiento innegable con que cuentan los portadores del apellido Araújo.
Los Barros Baquero también tenemos nuestras propias provisiones humanas, nada despreciables. Así, no obstante, sus buenos modales sociales de convivencia, asumía posiciones de carácter firme, sobre cualesquiera asuntos, independientemente de la condición social de la persona con quién trataba.

Había contraído matrimonio con la Dra. Marelys Beatriz Fuscaldo Mendoza, psicológa clínica, con ejercicio profesional en Valledupar. Procrearon a Moisés Francisco, arquitecto, con ejercicio profesional en Barranquilla, y a Larissa, médico, con residencia y ejercicio profesional en la ciudad de San Francisco, USA. A ellos, un copioso número de familiares y amigos, que admiraron su personalidad carismática, venidos de varios lugares, lo acompañamos a su sepultura el día 5 de mayo en el cementerio José María de Alfara de la población Santa Cruz de Urumita, a donde él había dispuesto su reposo definitivo, y el toque de la banda del pueblo, con las piezas musicales elegidas en vida por él. [email protected]