13 mayo, 2022

En el secreto

“Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto…” San Mateo 6,6.

“Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto…” San Mateo 6,6. En el marco del sermón del monte, de cara a las tres grandes disciplinas del Reino: Dar, orar y ayunar; Jesús enfatiza que se debe hacer en secreto y que nuestro Padre que ve en secreto nos recompensará. 

Aquí, se establece uno de los principios más interesantes para nuestro crecimiento espiritual. Tiene que ver con el lugar de nuestra oración. Y más allá de cuál sea el lugar físico: la sala, el estudio, el baño, el oratorio, la oficina o el templo; la referencia es que debe ser un lugar secreto, en donde yo pueda estar a solas con Dios. Cerrar la puerta significa aislarme voluntariamente, abstraerme de las preocupaciones y circunstancias externas para dedicarme a compartir ese tiempo con mi Padre.

En ocasiones podemos sentir que Dios está distante, que estamos desconectados de Dios y nos esforzamos para sentir su presencia; pero, solo hay una manera de entrar a la presencia de Dios y es buscándolo en el lugar secreto. La maravillosa promesa es que, cuando nosotros lleguemos a ese lugar de intimidad, ya Dios nos está esperando. Ese lugar secreto se convierte en un portal al trono de Dios, el lugar donde disfrutaremos del mismísimo cielo. 

Queridos amigos: Vivimos tiempos difíciles, hay incertidumbre acerca del futuro y son muchas las necesidades manifiestas y sentidas; pero, no podemos confiar en que un cambio de gobierno o de ideología política traiga solución a los problemas que nos agobian. Creo que, en tiempos de necesidad, como los actuales, debemos acudir primero a Dios. 

Debemos buscar su rostro y esperar en él para recibir directrices y saber qué camino seguir. El lugar secreto se convierte en el umbral donde esperamos la poderosa intervención de Dios; trayendo, además, como recompensa, sabiduría y revelación fresca. 

En el capítulo siete, de la parábola de los dos cimientos, podemos aprender que, si edificamos nuestra vida sobre la intimidad de la relación con Dios en el lugar secreto, estaremos construyendo sobre la roca. El mensaje es inconfundible: Si escuchamos y hacemos las enseñanzas de Jesús, estaremos construyendo sobre los cimientos de una vida que resistirá las tormentas más duras. ¡Y seguro que algún día llegarán! 

Ahora, es posible que, algunas tormentas han golpeado o estén golpeando tu vida. Por lo que debo preguntar: ¿Tendrás los cimientos sólidos para sobrevivir a las tormentas? Creo que, uno de esos elementos que les dan firmeza y resistencia a nuestros cimientos es tener una vida secreta con Dios. Una vida dinámica de oración, en la búsqueda de Dios en el lugar secreto.

Ese lugar secreto será nuestro refugio que nos protegerá y equipará para soportar las tormentas que se originen en la furia de nuestros enemigos, en los enredos de las circunstancias, en las distracciones del mundo o en nuestras malas decisiones; pero, nunca nos separarán del amor de Dios que es Cristo Jesús, Señor nuestro. 

Busca un lugar, donde puedas orar, con la puerta cerrada, a tu Padre en secreto y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará.   Fuerte abrazo en Cristo.