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Editorial - 12 marzo, 2010

Elecciones, deberes, derechos y responsabilidades.

Se prepara Colombia para una nueva jornada democrática; una jornada de mucha envergadura, como la que se desarrollará  el próximo domingo 14 de marzo. A riesgos de parecer  reiterativos, debemos insistir en que se trata de una fecha que implica derechos, deberes y obligaciones para las autoridades y la ciudadanía con el fin que la […]

Se prepara Colombia para una nueva jornada democrática; una jornada de mucha envergadura, como la que se desarrollará  el próximo domingo 14 de marzo.
A riesgos de parecer  reiterativos, debemos insistir en que se trata de una fecha que implica derechos, deberes y obligaciones para las autoridades y la ciudadanía con el fin que la misma se desarrolle con éxito.
El gobierno nacional ha dado un parte de tranquilidad en materia de orden público, en vísperas de la jornada del próximo domingo. Tanto el Ejército Nacional como la Policía han adoptado una serie de dispositivos y medidas encaminadas, precisamente, a que las elecciones se lleven en un ambiente de paz y tranquilidad, en todo el territorio nacional. Esperemos que así sea.
Las autoridades civiles, electorales y de policía, tienen una grandísima responsabilidad en la jornada del domingo 14 de marzo, en la cual Colombia se la juega por una renovación de su congreso. Las normas están, pero es misión de las autoridades hacerlas cumplir a cabalidad.
Y lógicamente el buen desarrollo de la jornada depende de muchos factores, pero especialmente de la actitud cívica y tolerante que debe tener todo buen ciudadano de acatar las normas y respetar a las autoridades. Comenzando por aspectos tan sencillos como la Ley  seca, que entra a regir a partir de hoy, en horas de la noche, en todo el territorio nacional.

Pero también es deber de los ciudadanos informarse, conocer las propuestas de los distintos candidatos, comparar y votar por los candidatos de sus preferencias, respetando la voluntad de los otros, sin sectarismos, sin agresividad y colaborando así para que sea de veras una jornada democrática.
Y en este sentido, debemos insistir, es fundamental el voto libre, responsable y sin ataduras de ninguna clase. Es la conciencia del pueblo la que debe expresarse en las urnas.
Debemos decirle No a la venta del voto, NO  al clientelismo,  NO al engaño y al fraude. Decir NO a estas prácticas es el primer deber ciudadano. El voto es un derecho, sí; pero también un deber. Vote, vote por los partidos, movimientos y candidatos de sus preferencias, pero hágalo. Y si no le gusta o no le convence ninguna de las opciones, vote en blanco. El voto en blanco en el actual sistema político colombiano tiene mucha significación.
Una gran responsabilidad tienen los candidatos a Cámara y Senado, como también sus asesores y colaboradores, quienes deben abogar por una sana competencia; hacerlo con nobleza, con la palabra, con argumentos, pero no con dinero o comprando la conciencia de la gente, en medio de tanta necesidad. Además de ser un delito contra el sufragio, es insensato ofrecer dinero, especie o alguna otra reciprocidad por el voto.
Señores candidatos ustedes tienen el sagrado deber de contribuir a cambiar nuestras costumbres políticas, son ustedes los actores esenciales de la democracia y los más beneficiados, a la larga, si se depuran las costumbres y prácticas de la política antes, durante y después de las elecciones.
Los ciudadanos escogidos como jurados en las elecciones también tienen una gran responsabilidad con la democracia, con nuestro sistema político y con la ciudadanía, en general. Ser jurado de votación es un gran honor, pero también implica una serie de compromisos con el sistema electoral y con los votantes.
Son más de quinientos mil los colombianos que están llamados a cumplir con ese deber sagrado de civilidad. El primer deber es presentarse oportunamente a las mesas de votación y cumplir a cabalidad las normas y funciones que regulan este servicio civil que se presta por unas cuantas horas, pero que tiene tanta trascendencia. Una responsabilidad similar tienen los testigos electorales.
De todos depende la buena marcha de esa jornada electoral que nos aprestamos a presenciar. De las autoridades civiles, militares y de policía; de los candidatos, de los jurados y testigos electorales, como también y fundamentalmente de los ciudadanos, todos, principalmente de los habilitados para votar, que la democracia colombiana salga fortalecida, a pesar de todas sus imperfecciones.  Al fin y al cabo es el menos malo de todos los sistemas políticos.

Editorial
12 marzo, 2010

Elecciones, deberes, derechos y responsabilidades.

Se prepara Colombia para una nueva jornada democrática; una jornada de mucha envergadura, como la que se desarrollará  el próximo domingo 14 de marzo. A riesgos de parecer  reiterativos, debemos insistir en que se trata de una fecha que implica derechos, deberes y obligaciones para las autoridades y la ciudadanía con el fin que la […]


Se prepara Colombia para una nueva jornada democrática; una jornada de mucha envergadura, como la que se desarrollará  el próximo domingo 14 de marzo.
A riesgos de parecer  reiterativos, debemos insistir en que se trata de una fecha que implica derechos, deberes y obligaciones para las autoridades y la ciudadanía con el fin que la misma se desarrolle con éxito.
El gobierno nacional ha dado un parte de tranquilidad en materia de orden público, en vísperas de la jornada del próximo domingo. Tanto el Ejército Nacional como la Policía han adoptado una serie de dispositivos y medidas encaminadas, precisamente, a que las elecciones se lleven en un ambiente de paz y tranquilidad, en todo el territorio nacional. Esperemos que así sea.
Las autoridades civiles, electorales y de policía, tienen una grandísima responsabilidad en la jornada del domingo 14 de marzo, en la cual Colombia se la juega por una renovación de su congreso. Las normas están, pero es misión de las autoridades hacerlas cumplir a cabalidad.
Y lógicamente el buen desarrollo de la jornada depende de muchos factores, pero especialmente de la actitud cívica y tolerante que debe tener todo buen ciudadano de acatar las normas y respetar a las autoridades. Comenzando por aspectos tan sencillos como la Ley  seca, que entra a regir a partir de hoy, en horas de la noche, en todo el territorio nacional.

Pero también es deber de los ciudadanos informarse, conocer las propuestas de los distintos candidatos, comparar y votar por los candidatos de sus preferencias, respetando la voluntad de los otros, sin sectarismos, sin agresividad y colaborando así para que sea de veras una jornada democrática.
Y en este sentido, debemos insistir, es fundamental el voto libre, responsable y sin ataduras de ninguna clase. Es la conciencia del pueblo la que debe expresarse en las urnas.
Debemos decirle No a la venta del voto, NO  al clientelismo,  NO al engaño y al fraude. Decir NO a estas prácticas es el primer deber ciudadano. El voto es un derecho, sí; pero también un deber. Vote, vote por los partidos, movimientos y candidatos de sus preferencias, pero hágalo. Y si no le gusta o no le convence ninguna de las opciones, vote en blanco. El voto en blanco en el actual sistema político colombiano tiene mucha significación.
Una gran responsabilidad tienen los candidatos a Cámara y Senado, como también sus asesores y colaboradores, quienes deben abogar por una sana competencia; hacerlo con nobleza, con la palabra, con argumentos, pero no con dinero o comprando la conciencia de la gente, en medio de tanta necesidad. Además de ser un delito contra el sufragio, es insensato ofrecer dinero, especie o alguna otra reciprocidad por el voto.
Señores candidatos ustedes tienen el sagrado deber de contribuir a cambiar nuestras costumbres políticas, son ustedes los actores esenciales de la democracia y los más beneficiados, a la larga, si se depuran las costumbres y prácticas de la política antes, durante y después de las elecciones.
Los ciudadanos escogidos como jurados en las elecciones también tienen una gran responsabilidad con la democracia, con nuestro sistema político y con la ciudadanía, en general. Ser jurado de votación es un gran honor, pero también implica una serie de compromisos con el sistema electoral y con los votantes.
Son más de quinientos mil los colombianos que están llamados a cumplir con ese deber sagrado de civilidad. El primer deber es presentarse oportunamente a las mesas de votación y cumplir a cabalidad las normas y funciones que regulan este servicio civil que se presta por unas cuantas horas, pero que tiene tanta trascendencia. Una responsabilidad similar tienen los testigos electorales.
De todos depende la buena marcha de esa jornada electoral que nos aprestamos a presenciar. De las autoridades civiles, militares y de policía; de los candidatos, de los jurados y testigos electorales, como también y fundamentalmente de los ciudadanos, todos, principalmente de los habilitados para votar, que la democracia colombiana salga fortalecida, a pesar de todas sus imperfecciones.  Al fin y al cabo es el menos malo de todos los sistemas políticos.