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Columnista - 21 mayo, 2010

El pirata pirateao´

Por: José Manuel Aponte Martínez Al cumplirse el primer año del deceso del inolvidable Rafael Escalona, me acordé de la siguiente anécdota: no me acuerdo en qué año, pero sí se que hace bastante, me encontraba en Villanueva de vacaciones, cuando se presentó a la casa Fausto Cotes, “El Monito”, con quien he tenido una […]

Por: José Manuel Aponte Martínez

Al cumplirse el primer año del deceso del inolvidable Rafael Escalona, me acordé de la siguiente anécdota: no me acuerdo en qué año, pero sí se que hace bastante, me encontraba en Villanueva de vacaciones, cuando se presentó a la casa Fausto Cotes, “El Monito”, con quien he tenido una relación fraternal desde que tenemos uso de razón, y sonriendo, que es cuando él es más peligroso, me dijo que nos tomáramos unas cervezas en el billar de “Chente”, lógicamente pagando yo, y así me lo hizo saber, que él las pedía y yo las cancelaba.

Ante la buena propuesta no tuve otra alternativa que aceptar y comenzamos a tomar Costeñita, y a la tercera o cuarta, se presentó mi compadre “Mañiño” Orozco y el recién desaparecido “Benacho” Molina e iniciamos una agradable charla, adornada con algunos chistes y anécdotas, para lo cual él es muy bueno, pues lo heredó de mi padrino “Poncho Cotes”; cuando de pronto y cuando ya teníamos entre pecho y espalda más de treinta cervecitas cada uno, me dijo que como yo siempre le vivía echando vainas porque como yo no daba para componer una canción, me iba a cantar una de su autoría y con mucha destreza y buena voz, la comenzó así: “no te extrañe que me haya retirado, que no camine por el barrio Loperena, te juro que andaré como el pirata, rondando las murallas de Cartagena”; la cantó completa varias veces y yo le decía que había valido la pena la demora, porque había comenzado bien, muy bien, pues la melodía era hermosa.

Nos emborrachamos y nos acostamos en mi casa, en la sala, que de noche hacía las veces de alcoba, en hamacas que estaban prestas siempre a recibir a los amigos.

Tiempo después, quizás más de dos años, vine a Valledupar y como siempre fui donde “Goya”, que para la época vivía en el Cañaguate, en compañía de sus bellas hijas: Gladis, Eudes “La Negra” y Acela; ese era el sitio obligado a donde llegábamos todos los villanueveros con la seguridad de encontrarse con ese gran amigo, bohemio y guitarrista, Jesús Daza López “Chú” Daza y gozar de la atención de “Goya”, y galantear a sus bellas hijas, quienes al final fueron a parar en manos de Enrique Alfredo, Gladis; de “Monca”, “La Negra”, y Acela que se cachaquizó.  Todavía tengo la costumbre de visitarlas, aunque en estos días no andan muy bien fritas conmigo, me tomo un tinto sabroso que me sale caro, pues siempre tengo que comprar el café y el azúcar, y de ñapa, un Marlboro para doña Gladis, que todavía tiene la cáscara de estar fumando; y me deleito con la charla exquisita, culta y prolífera de la mamá de Cecilia y “Goyo”.

Pues bien, llegué donde “Goya” para saludarlas y también pendiente de tomarme una botella de Old Parr y encontrarme con otros amigos como José Jorge Arregocés, mis pariente Hugues Martínez y Raúl Moncaliano, y el “Quinky”,  y parrandear con ellos oyéndoles tocar la guitarra y cantar como sólo ellos sabían hacerlo. Llegué y parece que estuvieran esperándome; pedí la primera botella del inmancable Old Parr y ellos desenfundaron sus armas (guitarras) y arrancamos con La Malagueña, interpretada magistralmente, como nadie lo ha hecho por el “Quinky”; después Jesús cantó Quisqueya y de ahí en adelante fue Troya, cuando de pronto me acordé de Fausto y su canción, y le dije a Hugues que si no se la sabían y José Jorge ripostó enseguida diciendo: “ese chambón nunca ha dado pa’ componer na’”;  insistí y le dije, yo me acuerdo de algo que dice: “porque si quieres una prueba de amor, nadie te la da mejor”, y Hugues me dijo: “pariente, eso no es de Fausto Cotes, eso es de Escalona y se llama El Pirata del Loperena, y claro  que nos la sabemos, óigala”, y la cantaron completa.  Después me contaron su historia y fue cuando me di cuenta de otra mentirita más del “Chiche” o “El Monito”, que había pirateado al Pirata del inmortal Escalona.

Columnista
21 mayo, 2010

El pirata pirateao´

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
José M. Aponte Martínez

Por: José Manuel Aponte Martínez Al cumplirse el primer año del deceso del inolvidable Rafael Escalona, me acordé de la siguiente anécdota: no me acuerdo en qué año, pero sí se que hace bastante, me encontraba en Villanueva de vacaciones, cuando se presentó a la casa Fausto Cotes, “El Monito”, con quien he tenido una […]


Por: José Manuel Aponte Martínez

Al cumplirse el primer año del deceso del inolvidable Rafael Escalona, me acordé de la siguiente anécdota: no me acuerdo en qué año, pero sí se que hace bastante, me encontraba en Villanueva de vacaciones, cuando se presentó a la casa Fausto Cotes, “El Monito”, con quien he tenido una relación fraternal desde que tenemos uso de razón, y sonriendo, que es cuando él es más peligroso, me dijo que nos tomáramos unas cervezas en el billar de “Chente”, lógicamente pagando yo, y así me lo hizo saber, que él las pedía y yo las cancelaba.

Ante la buena propuesta no tuve otra alternativa que aceptar y comenzamos a tomar Costeñita, y a la tercera o cuarta, se presentó mi compadre “Mañiño” Orozco y el recién desaparecido “Benacho” Molina e iniciamos una agradable charla, adornada con algunos chistes y anécdotas, para lo cual él es muy bueno, pues lo heredó de mi padrino “Poncho Cotes”; cuando de pronto y cuando ya teníamos entre pecho y espalda más de treinta cervecitas cada uno, me dijo que como yo siempre le vivía echando vainas porque como yo no daba para componer una canción, me iba a cantar una de su autoría y con mucha destreza y buena voz, la comenzó así: “no te extrañe que me haya retirado, que no camine por el barrio Loperena, te juro que andaré como el pirata, rondando las murallas de Cartagena”; la cantó completa varias veces y yo le decía que había valido la pena la demora, porque había comenzado bien, muy bien, pues la melodía era hermosa.

Nos emborrachamos y nos acostamos en mi casa, en la sala, que de noche hacía las veces de alcoba, en hamacas que estaban prestas siempre a recibir a los amigos.

Tiempo después, quizás más de dos años, vine a Valledupar y como siempre fui donde “Goya”, que para la época vivía en el Cañaguate, en compañía de sus bellas hijas: Gladis, Eudes “La Negra” y Acela; ese era el sitio obligado a donde llegábamos todos los villanueveros con la seguridad de encontrarse con ese gran amigo, bohemio y guitarrista, Jesús Daza López “Chú” Daza y gozar de la atención de “Goya”, y galantear a sus bellas hijas, quienes al final fueron a parar en manos de Enrique Alfredo, Gladis; de “Monca”, “La Negra”, y Acela que se cachaquizó.  Todavía tengo la costumbre de visitarlas, aunque en estos días no andan muy bien fritas conmigo, me tomo un tinto sabroso que me sale caro, pues siempre tengo que comprar el café y el azúcar, y de ñapa, un Marlboro para doña Gladis, que todavía tiene la cáscara de estar fumando; y me deleito con la charla exquisita, culta y prolífera de la mamá de Cecilia y “Goyo”.

Pues bien, llegué donde “Goya” para saludarlas y también pendiente de tomarme una botella de Old Parr y encontrarme con otros amigos como José Jorge Arregocés, mis pariente Hugues Martínez y Raúl Moncaliano, y el “Quinky”,  y parrandear con ellos oyéndoles tocar la guitarra y cantar como sólo ellos sabían hacerlo. Llegué y parece que estuvieran esperándome; pedí la primera botella del inmancable Old Parr y ellos desenfundaron sus armas (guitarras) y arrancamos con La Malagueña, interpretada magistralmente, como nadie lo ha hecho por el “Quinky”; después Jesús cantó Quisqueya y de ahí en adelante fue Troya, cuando de pronto me acordé de Fausto y su canción, y le dije a Hugues que si no se la sabían y José Jorge ripostó enseguida diciendo: “ese chambón nunca ha dado pa’ componer na’”;  insistí y le dije, yo me acuerdo de algo que dice: “porque si quieres una prueba de amor, nadie te la da mejor”, y Hugues me dijo: “pariente, eso no es de Fausto Cotes, eso es de Escalona y se llama El Pirata del Loperena, y claro  que nos la sabemos, óigala”, y la cantaron completa.  Después me contaron su historia y fue cuando me di cuenta de otra mentirita más del “Chiche” o “El Monito”, que había pirateado al Pirata del inmortal Escalona.