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Columnista - 22 febrero, 2010

El peligro de un instante

MI COLUMNA Por: Mary Daza Orozco Basta un trocito de tiempo, un instante, lo que dura un suspiro para que cambie la vida, para que se encamine hacia la autodestrucción. Quizás todas las víctimas del mal momento lo recuerdan con profunda tristeza, o con odio, o con una sensación de ahogo porque se sienten aprisionados, […]

MI COLUMNA

Por: Mary Daza Orozco

Basta un trocito de tiempo, un instante, lo que dura un suspiro para que cambie la vida, para que se encamine hacia la autodestrucción. Quizás todas las víctimas del mal momento lo recuerdan con profunda tristeza, o con odio, o con una sensación de ahogo porque se sienten aprisionados, sí, ese instante en el que quizás alguien los instó a que probaran y ahí se quedaron; talvez fue la curiosidad “para ver que se siente”, y como siempre la curiosidad los lleva hasta el fondo del desastre; o lo más terrible: por seguir la moda y esa moda no pasa.
Lo cierto es que hay un principio, un instante en el que todo empieza y es cuado se olvida que se es un privilegiado: porque se es famoso y se tiene un mundo que lo admira a los pies, o simplemente porque se es un ser humano, parte del universo.
Whitney Houston, tiene cuarenta y dos años, es  una negra hermosa, reconocida por la belleza aterciopelada de su voz de mezzosoprano, gran potencia y suave dulzura que cuando se escucha en el mundo y hace que los corazones se apretujen por la emoción; quizás la mayoría de mis lectores la recuerden en la película El guardaespaldas, especialmente cuando al final cantó “I Will Always Love You” canción con la que rompió todas las expectativas, fue lanzada en sencillo y logró ser número uno en los Estados Unidos y en el Reino Unido y llegó a ser una de las más vendidas de la historia. En los años noventa vendió más de cien millones de copias de sus discos; ganó veintiún premios de la música, entre ellos seis Grammy;  y tuvo más: películas, halagos, fortuna y una hija, suficiente razón para saber que la vida ha valido la pena, sí, una hija que con la que cantó “My Love Is Your Love”; además influyó en la carrera de artistas como Christina Aguilera, Alicia Keys, Britney Spears, Jessica Simpson  y Mandy Moore.
¿Por qué hablo de ella en pasado?, porque, según las últimas noticias, está muriendo hundida en el sopor tremebundo de las drogas, porque ha hecho vanos intentos por levantar la cabeza y seguir por la ruta luminosa que le marcó el destino, porque se ha gastado su fortuna en tratamientos para dejar la adición a la cocaína, y al alcohol, porque en las últimas apariciones en público ha sido una sombra de la brillantez que antes fue, es más, porque sufre del Síndrome de Diógenes, que lleva a la persona a encerrarse y a manifestar comportamientos extremadamente huraños.
Según lo médicos es difícil que la Houston salga de esta crisis, y es cuando todo lleva a pensar en lo que comenté al principio y a preguntar ¿por qué? , si le faltaba mucho por recibir; si fue privilegiada con una voz única, si estuvo rodeada de gente que la quería, si su vida era buena. ¿Cuál fue ese negro instante en el que probó la droga? , instante que marcó la destrucción de logros, de sueños, de fama, de voz, voz inmensa, voz inolvidable, voz que estremece.
El mismo instante que irrumpe y se repite una y otra vez en el mundo galante y glamoroso; en el mundo de los negocios; en el mundo de los paupérrimos; en el de nuestros queridos cantantes y artistas criollos; el instante que es preciso evitar, que hay que conjurar, porque en él comienza  el derrumbamiento total y se causa un dolor muy grande a los que  hemos admirado y querido voces, escritos, arte, arte en todas sus manifestaciones, o vidas que apuntaban a ser arquetipos para nuevas generaciones.
Un instante por el que Whitney se perdió: la llevó poco a poco al desmembramiento, a apagar una voz que cuando se encendía era sol, era luna, era sueño, era sublimación.
[email protected]

Columnista
22 febrero, 2010

El peligro de un instante

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Mary Daza Orozco

MI COLUMNA Por: Mary Daza Orozco Basta un trocito de tiempo, un instante, lo que dura un suspiro para que cambie la vida, para que se encamine hacia la autodestrucción. Quizás todas las víctimas del mal momento lo recuerdan con profunda tristeza, o con odio, o con una sensación de ahogo porque se sienten aprisionados, […]


MI COLUMNA

Por: Mary Daza Orozco

Basta un trocito de tiempo, un instante, lo que dura un suspiro para que cambie la vida, para que se encamine hacia la autodestrucción. Quizás todas las víctimas del mal momento lo recuerdan con profunda tristeza, o con odio, o con una sensación de ahogo porque se sienten aprisionados, sí, ese instante en el que quizás alguien los instó a que probaran y ahí se quedaron; talvez fue la curiosidad “para ver que se siente”, y como siempre la curiosidad los lleva hasta el fondo del desastre; o lo más terrible: por seguir la moda y esa moda no pasa.
Lo cierto es que hay un principio, un instante en el que todo empieza y es cuado se olvida que se es un privilegiado: porque se es famoso y se tiene un mundo que lo admira a los pies, o simplemente porque se es un ser humano, parte del universo.
Whitney Houston, tiene cuarenta y dos años, es  una negra hermosa, reconocida por la belleza aterciopelada de su voz de mezzosoprano, gran potencia y suave dulzura que cuando se escucha en el mundo y hace que los corazones se apretujen por la emoción; quizás la mayoría de mis lectores la recuerden en la película El guardaespaldas, especialmente cuando al final cantó “I Will Always Love You” canción con la que rompió todas las expectativas, fue lanzada en sencillo y logró ser número uno en los Estados Unidos y en el Reino Unido y llegó a ser una de las más vendidas de la historia. En los años noventa vendió más de cien millones de copias de sus discos; ganó veintiún premios de la música, entre ellos seis Grammy;  y tuvo más: películas, halagos, fortuna y una hija, suficiente razón para saber que la vida ha valido la pena, sí, una hija que con la que cantó “My Love Is Your Love”; además influyó en la carrera de artistas como Christina Aguilera, Alicia Keys, Britney Spears, Jessica Simpson  y Mandy Moore.
¿Por qué hablo de ella en pasado?, porque, según las últimas noticias, está muriendo hundida en el sopor tremebundo de las drogas, porque ha hecho vanos intentos por levantar la cabeza y seguir por la ruta luminosa que le marcó el destino, porque se ha gastado su fortuna en tratamientos para dejar la adición a la cocaína, y al alcohol, porque en las últimas apariciones en público ha sido una sombra de la brillantez que antes fue, es más, porque sufre del Síndrome de Diógenes, que lleva a la persona a encerrarse y a manifestar comportamientos extremadamente huraños.
Según lo médicos es difícil que la Houston salga de esta crisis, y es cuando todo lleva a pensar en lo que comenté al principio y a preguntar ¿por qué? , si le faltaba mucho por recibir; si fue privilegiada con una voz única, si estuvo rodeada de gente que la quería, si su vida era buena. ¿Cuál fue ese negro instante en el que probó la droga? , instante que marcó la destrucción de logros, de sueños, de fama, de voz, voz inmensa, voz inolvidable, voz que estremece.
El mismo instante que irrumpe y se repite una y otra vez en el mundo galante y glamoroso; en el mundo de los negocios; en el mundo de los paupérrimos; en el de nuestros queridos cantantes y artistas criollos; el instante que es preciso evitar, que hay que conjurar, porque en él comienza  el derrumbamiento total y se causa un dolor muy grande a los que  hemos admirado y querido voces, escritos, arte, arte en todas sus manifestaciones, o vidas que apuntaban a ser arquetipos para nuevas generaciones.
Un instante por el que Whitney se perdió: la llevó poco a poco al desmembramiento, a apagar una voz que cuando se encendía era sol, era luna, era sueño, era sublimación.
[email protected]