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Columnista - 7 mayo, 2010

El miedo Goebbeliano

Por: Raúl Bermúdez Márquez Joseph Goebbels fue el ministro de propaganda del gobierno de Hitler en la Alemania Nazi. Figura clave del régimen, conocido por sus dotes retóricas y su capacidad persuasiva. Era un genio de la propaganda. Once famosos principios orientaron su trabajo y a pesar del repudio mundial que generó en la postguerra […]

Por: Raúl Bermúdez Márquez

Joseph Goebbels fue el ministro de propaganda del gobierno de Hitler en la Alemania Nazi. Figura clave del régimen, conocido por sus dotes retóricas y su capacidad persuasiva. Era un genio de la propaganda. Once famosos principios orientaron su trabajo y a pesar del repudio mundial que generó en la postguerra su condición de ideólogo de la barbarie nazi, sus ideas aún hoy son tenidas en cuenta como herramienta propagandística.
La actual campaña electoral en Colombia, y en general el discurrir político del nuevo siglo en el país ha estado signado por el apego a las teorías de Goebbels en lo referente a la manera de influir psicológicamente en las masas populares. He aquí algunos elementos para corroborar lo dicho. Goebbels en su “Principio de simplificación y del enemigo único” recomienda adoptar una única idea, un único símbolo para individualizar al adversario en un único enemigo.
En Colombia, las Farc con su actividad narcoterrorista, lograron convertirse en el argumento perfecto para que la política de “seguridad democrática” calara y se enraizara en el inconsciente colectivo. En el principio del “método de contagio”, Goebbels recomienda reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada. Por eso el Polo y un amplio sector del Partido Liberal son acusados de manera reiterada de supuestos vínculos con la insurgencia armada.
En cuanto al de “transposición” que consiste en cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque, los medios reseñaron el reclamo de muchos dirigentes del uribismo a la Corte Suprema exigiendo la agilización de los procesos sobre la “farcpolítica” como recurso para minimizar los efectos de la “parapolítica”. También se ha utilizado el de “exageración y desfiguración” que aprovecha cualquier anécdota para convertirla en amenaza grave.
Un ejemplo reciente: cuando el imprudente Chávez no disimuló su antipatía por Juan Manuel Santos, fanáticos publicaron vallas donde aparecen, él, Correa y Cano felices porque de ser Mockus presidente le darían por la parte que mostró el candidato del Partido Verde en el auditorio León de Greiff.
El “Principio de orquestación” de Goebbels establece que la propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. Lo de “Petro guerrillero”, “Petro amigo de Chávez”, “Mockus débil con las Farc”, “Mockus, admirador de Chávez”, “Piedad Córdoba, guerrillera, traidora de la patria”, por sólo nombrar tres casos, se seguirá repitiendo en los medios y en las redes sociales, por sécula seculorum.
Goebbles aplicaba otros principios, como el de “renovación”, que implica emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa; el de “silenciación”, que acalla las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimula las noticias que favorecen al adversario; el de “transfusión” donde la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente para difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas; el principio de “unanimidad” para llegar a convencer a mucha gente que piense “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.
El espacio es insuficiente para señalar expresiones concretas de cada principio en Colombia pero lo cierto es que la estrategia del miedo a un “cuco” como cuando éramos niños, -que a la postre constituye la esencia Goebbeliana-, cada día se hace más patente en el país. Para la muestra un botón reciente: la campaña de Santos acaba de integrar a su equipo a quien con justeza se ha ganado el título de “Goebbles del nazismo moderno”, el venezolano Juan José Rendón. Es de suponerse que viene a reforzar la labor de José Obdulio Gaviria, el Goebbles colombiano.

[email protected]

Columnista
7 mayo, 2010

El miedo Goebbeliano

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Raúl Bermúdez Márquez

Por: Raúl Bermúdez Márquez Joseph Goebbels fue el ministro de propaganda del gobierno de Hitler en la Alemania Nazi. Figura clave del régimen, conocido por sus dotes retóricas y su capacidad persuasiva. Era un genio de la propaganda. Once famosos principios orientaron su trabajo y a pesar del repudio mundial que generó en la postguerra […]


Por: Raúl Bermúdez Márquez

Joseph Goebbels fue el ministro de propaganda del gobierno de Hitler en la Alemania Nazi. Figura clave del régimen, conocido por sus dotes retóricas y su capacidad persuasiva. Era un genio de la propaganda. Once famosos principios orientaron su trabajo y a pesar del repudio mundial que generó en la postguerra su condición de ideólogo de la barbarie nazi, sus ideas aún hoy son tenidas en cuenta como herramienta propagandística.
La actual campaña electoral en Colombia, y en general el discurrir político del nuevo siglo en el país ha estado signado por el apego a las teorías de Goebbels en lo referente a la manera de influir psicológicamente en las masas populares. He aquí algunos elementos para corroborar lo dicho. Goebbels en su “Principio de simplificación y del enemigo único” recomienda adoptar una única idea, un único símbolo para individualizar al adversario en un único enemigo.
En Colombia, las Farc con su actividad narcoterrorista, lograron convertirse en el argumento perfecto para que la política de “seguridad democrática” calara y se enraizara en el inconsciente colectivo. En el principio del “método de contagio”, Goebbels recomienda reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada. Por eso el Polo y un amplio sector del Partido Liberal son acusados de manera reiterada de supuestos vínculos con la insurgencia armada.
En cuanto al de “transposición” que consiste en cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque, los medios reseñaron el reclamo de muchos dirigentes del uribismo a la Corte Suprema exigiendo la agilización de los procesos sobre la “farcpolítica” como recurso para minimizar los efectos de la “parapolítica”. También se ha utilizado el de “exageración y desfiguración” que aprovecha cualquier anécdota para convertirla en amenaza grave.
Un ejemplo reciente: cuando el imprudente Chávez no disimuló su antipatía por Juan Manuel Santos, fanáticos publicaron vallas donde aparecen, él, Correa y Cano felices porque de ser Mockus presidente le darían por la parte que mostró el candidato del Partido Verde en el auditorio León de Greiff.
El “Principio de orquestación” de Goebbels establece que la propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. Lo de “Petro guerrillero”, “Petro amigo de Chávez”, “Mockus débil con las Farc”, “Mockus, admirador de Chávez”, “Piedad Córdoba, guerrillera, traidora de la patria”, por sólo nombrar tres casos, se seguirá repitiendo en los medios y en las redes sociales, por sécula seculorum.
Goebbles aplicaba otros principios, como el de “renovación”, que implica emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa; el de “silenciación”, que acalla las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimula las noticias que favorecen al adversario; el de “transfusión” donde la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente para difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas; el principio de “unanimidad” para llegar a convencer a mucha gente que piense “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.
El espacio es insuficiente para señalar expresiones concretas de cada principio en Colombia pero lo cierto es que la estrategia del miedo a un “cuco” como cuando éramos niños, -que a la postre constituye la esencia Goebbeliana-, cada día se hace más patente en el país. Para la muestra un botón reciente: la campaña de Santos acaba de integrar a su equipo a quien con justeza se ha ganado el título de “Goebbles del nazismo moderno”, el venezolano Juan José Rendón. Es de suponerse que viene a reforzar la labor de José Obdulio Gaviria, el Goebbles colombiano.

[email protected]