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Columnista - 16 abril, 2010

El Legado

Por: Valerio Mejía Araújo “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” 2 Corintios 4:18 Me siento muy honrado de pertenecer y estar unido por línea de sangre y por compromiso de pacto […]

Por: Valerio Mejía Araújo

“No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” 2 Corintios 4:18

Me siento muy honrado de pertenecer y estar unido por línea de sangre y por compromiso de pacto a la familia Molina Araújo. Muchísimas gracias por todos los mensajes y las manifestaciones de condolencia y cariño que hemos recibido en ocasión de la partida hacia la eternidad de nuestro amado padre y abuelo: Hernando Molina Céspedes.
Hoy quiero hacer un homenaje a ese hombre que dejó un legado lleno de esperanza e ilusiones en un futuro más promisorio para nuestra familia y nuestra región. Sólo la eternidad podrá valorar la probidad, equidad, justicia y tesón que rodearon su existencia.
Confió en el poder de la creencia. Esa creencia que cambia las conductas. Su vida personal tuvo sentido porque la ubicó en la tensión de lo generacional y lo eterno. Dejó un legado de lo que creyó. Entendió que es más importante dejar un nombre que sólo hacerse de un nombre. El legado que dejó es de alguna manera el desbordamiento de su vida que se derramó sobre la siguiente generación. Ese legado requirió fe, imaginación, pasión y compasión.
El legado fue su lazo no sólo con sus posibilidades, sino también con sus responsabilidades. Fue consciente de la brecha de la vida de nuestros hechos, pues estos vivirán más que nosotros. Sus actitudes y acciones estuvieron vinculadas de una generación a la próxima. Construyó su casa sobre la roca firme de la decencia.
En el pasado, el legado se ha relacionado con el retiro, la vejez, los asuntos legales; pero él lo relacionó más con su visión definida de cómo vivir nuestra vida ahora.
A partir del mapa del genoma humano podemos comprender mejor la influencia que tiene la genética en nuestras vidas, ese descubrimiento científico y Bíblico está en armonía por la profundidad y el propósito de la sangre. Nuestra vida está conectada a una línea de sangre distintiva. La vida vivida para las generaciones venideras nos vincula al propósito eterno de Dios y nos conecta con nuestro legado. Los principios del legado conectan los puntos y tienen sentido, de lo que de otro modo, pareciera no tenerlo.
Los fracasos, las frustraciones y la fatiga de la vida pueden fusionarse en algo significativo cuando se ven a través de una mentalidad de eternidad. Nuestra visión se aclara cuando se alinea a través del lente del legado. No sólo las experiencias de la vida encontrarán un valor más grande, sino que lo tendrán también las experiencias de los que le siguen.
Nuestras células sanguíneas hablan a través de nuestro ADN; rastrean y transfieren nuestra historia personal a través de generaciones. Las actitudes y acciones están misteriosamente vinculadas a la sangre y por siempre transportarán su influencia mucho después de que hayamos partido. Por eso es que todo lo relacionado con nuestros padres tiene importancia.
La vida no trata sólo acerca de cómo se vive, sino de lo que se deja. Cuando enfrentamos el fin inevitable de nuestra vida, en realidad estamos descubriendo el mejor lugar para comenzar. Enfrentar nuestra mortalidad, en realidad es nuestra primera resurrección, por eso la forma en que vivimos y qué legado dejamos determinará el verdadero valor de nuestra vida.
El legado de tío Hernando fue organizar la forma en que vivió la vida para que fuera  una bendición para las generaciones venideras. Fue tomar la responsabilidad de garantizar que las relaciones y recursos le sobrevivirían y perdurarían más que el tiempo que pasaría en la tierra. Su legado fue el deseo de dejar instrucciones que fluyeran con inspiración desde Dios a través de la imaginación y que nos obligaran a dejar una transmisión que fuera más allá del tiempo de la vida.
Su vida fue algo más que una larga cadena de eventos. Su legado no sólo incluyó a cada persona de su familia sanguínea sino también a sus amigos y a las personas con quienes celebró relaciones de pacto.
Así pues, la vida no es sólo para vivirla, también es para dejar un legado; nuestra vida tiene un valor que no puede medirse por las normas limitadas del aquí y el ahora.
Con frecuencia las personas abandonan sus sueños  demasiado pronto, simplemente porque pierden su visión de una perspectiva generacional. ¡Él fue un modelo de visión y persistencia!
Jesús contó la parábola de los talentos. La desilusión no fue por el siervo que intentó y fracasó, sino por el que fracasó sin siquiera intentar. Esta parábola implica que no seremos responsables por lo que no nos salga bien, sino por el fracaso de no intentarlo. ¡Él lo intentó y lo logró!
Quiero invitar a que veamos con los ojos eternos del legado, a que desarrollemos una conciencia de legado que se convierta en una voz que nos recuerde que estamos siendo impactados en nuestro linaje por las actitudes y acciones de nuestros padres.
La gratitud es la columna fundacional sobre la cual se construye un legado. Agradezcamos a Dios por ese legado recibido. Comprometámonos a una vida impulsada por ese legado inefable que nos dejó; Usemos su legado como un diseño de una casa perdurable que se sostenga durante generaciones contra toda tormenta, inundación y viento.
Nando, Rodo, Richar y Fello reciban nuestro incondicional respaldo en el trabajo de seguir honrando ese legado.
María Mercedes, amada esposa, recibe mi apoyo irrestricto en continuar construyendo esa casa sobre la roca.
Tío Hernando, tu legado de pureza y trabajo perdurará entre nosotros.  Gracias por todo lo que sembraste en el corazón de cada uno de tus hijos y nietos. Tu recuerdo perdurará por siempre. ¡Descansa en paz!

Para mis amados lectores, un abrazo en Cristo.
[email protected]

Columnista
16 abril, 2010

El Legado

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Valerio Mejía Araújo

Por: Valerio Mejía Araújo “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” 2 Corintios 4:18 Me siento muy honrado de pertenecer y estar unido por línea de sangre y por compromiso de pacto […]


Por: Valerio Mejía Araújo

“No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” 2 Corintios 4:18

Me siento muy honrado de pertenecer y estar unido por línea de sangre y por compromiso de pacto a la familia Molina Araújo. Muchísimas gracias por todos los mensajes y las manifestaciones de condolencia y cariño que hemos recibido en ocasión de la partida hacia la eternidad de nuestro amado padre y abuelo: Hernando Molina Céspedes.
Hoy quiero hacer un homenaje a ese hombre que dejó un legado lleno de esperanza e ilusiones en un futuro más promisorio para nuestra familia y nuestra región. Sólo la eternidad podrá valorar la probidad, equidad, justicia y tesón que rodearon su existencia.
Confió en el poder de la creencia. Esa creencia que cambia las conductas. Su vida personal tuvo sentido porque la ubicó en la tensión de lo generacional y lo eterno. Dejó un legado de lo que creyó. Entendió que es más importante dejar un nombre que sólo hacerse de un nombre. El legado que dejó es de alguna manera el desbordamiento de su vida que se derramó sobre la siguiente generación. Ese legado requirió fe, imaginación, pasión y compasión.
El legado fue su lazo no sólo con sus posibilidades, sino también con sus responsabilidades. Fue consciente de la brecha de la vida de nuestros hechos, pues estos vivirán más que nosotros. Sus actitudes y acciones estuvieron vinculadas de una generación a la próxima. Construyó su casa sobre la roca firme de la decencia.
En el pasado, el legado se ha relacionado con el retiro, la vejez, los asuntos legales; pero él lo relacionó más con su visión definida de cómo vivir nuestra vida ahora.
A partir del mapa del genoma humano podemos comprender mejor la influencia que tiene la genética en nuestras vidas, ese descubrimiento científico y Bíblico está en armonía por la profundidad y el propósito de la sangre. Nuestra vida está conectada a una línea de sangre distintiva. La vida vivida para las generaciones venideras nos vincula al propósito eterno de Dios y nos conecta con nuestro legado. Los principios del legado conectan los puntos y tienen sentido, de lo que de otro modo, pareciera no tenerlo.
Los fracasos, las frustraciones y la fatiga de la vida pueden fusionarse en algo significativo cuando se ven a través de una mentalidad de eternidad. Nuestra visión se aclara cuando se alinea a través del lente del legado. No sólo las experiencias de la vida encontrarán un valor más grande, sino que lo tendrán también las experiencias de los que le siguen.
Nuestras células sanguíneas hablan a través de nuestro ADN; rastrean y transfieren nuestra historia personal a través de generaciones. Las actitudes y acciones están misteriosamente vinculadas a la sangre y por siempre transportarán su influencia mucho después de que hayamos partido. Por eso es que todo lo relacionado con nuestros padres tiene importancia.
La vida no trata sólo acerca de cómo se vive, sino de lo que se deja. Cuando enfrentamos el fin inevitable de nuestra vida, en realidad estamos descubriendo el mejor lugar para comenzar. Enfrentar nuestra mortalidad, en realidad es nuestra primera resurrección, por eso la forma en que vivimos y qué legado dejamos determinará el verdadero valor de nuestra vida.
El legado de tío Hernando fue organizar la forma en que vivió la vida para que fuera  una bendición para las generaciones venideras. Fue tomar la responsabilidad de garantizar que las relaciones y recursos le sobrevivirían y perdurarían más que el tiempo que pasaría en la tierra. Su legado fue el deseo de dejar instrucciones que fluyeran con inspiración desde Dios a través de la imaginación y que nos obligaran a dejar una transmisión que fuera más allá del tiempo de la vida.
Su vida fue algo más que una larga cadena de eventos. Su legado no sólo incluyó a cada persona de su familia sanguínea sino también a sus amigos y a las personas con quienes celebró relaciones de pacto.
Así pues, la vida no es sólo para vivirla, también es para dejar un legado; nuestra vida tiene un valor que no puede medirse por las normas limitadas del aquí y el ahora.
Con frecuencia las personas abandonan sus sueños  demasiado pronto, simplemente porque pierden su visión de una perspectiva generacional. ¡Él fue un modelo de visión y persistencia!
Jesús contó la parábola de los talentos. La desilusión no fue por el siervo que intentó y fracasó, sino por el que fracasó sin siquiera intentar. Esta parábola implica que no seremos responsables por lo que no nos salga bien, sino por el fracaso de no intentarlo. ¡Él lo intentó y lo logró!
Quiero invitar a que veamos con los ojos eternos del legado, a que desarrollemos una conciencia de legado que se convierta en una voz que nos recuerde que estamos siendo impactados en nuestro linaje por las actitudes y acciones de nuestros padres.
La gratitud es la columna fundacional sobre la cual se construye un legado. Agradezcamos a Dios por ese legado recibido. Comprometámonos a una vida impulsada por ese legado inefable que nos dejó; Usemos su legado como un diseño de una casa perdurable que se sostenga durante generaciones contra toda tormenta, inundación y viento.
Nando, Rodo, Richar y Fello reciban nuestro incondicional respaldo en el trabajo de seguir honrando ese legado.
María Mercedes, amada esposa, recibe mi apoyo irrestricto en continuar construyendo esa casa sobre la roca.
Tío Hernando, tu legado de pureza y trabajo perdurará entre nosotros.  Gracias por todo lo que sembraste en el corazón de cada uno de tus hijos y nietos. Tu recuerdo perdurará por siempre. ¡Descansa en paz!

Para mis amados lectores, un abrazo en Cristo.
[email protected]