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Columnista - 14 abril, 2022

El juicio a Jesús y la democracia

El Juicio de Jesús, no debe ser reducido  a una valoración de un crimen que no se había cometido por el enjuiciado, en un aberrante procedimiento que, fue una caricatura de proceso judicial, como el realizado por el Sanedrín, Herodes y Pilatos. 

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En la Semana Mayor, un tema de reflexión es el  Juicio de Jesús y su relación con la democracia. Importante afirmar que  nuestra sociedad es de fuerte influencia cristiana en  lo religioso y el cristianismo presta un servicio en la fundamentación y justificación de las instituciones políticas, entre estas, la democracia. Esta coincide con el cristianismo, en la idea de que todos los hombres somos iguales, independiente que seamos diferentes.  Iguales pero diferentes, iguales ante la ley y a la participación política. Iguales ante los procesos judiciales. 

La democracia es griega, es ateniense, pero el discurso cristiano coincide y enriquece al de la democracia  y su universalización, por partir de la idea de isonomía, que es  la idea de igualdad de los hombres. La democracia, en su idea de  igualdad de los diferentes en la participación del gobierno de la cosa pública en condiciones de simetría, muy a pesar de las diferencias individuales. En  asuntos del gobierno de la cosa pública a todos nos asiste el derecho a participar en su conformación y en su ejercicio,  independiente de nuestras orientaciones políticas. 

El Juicio de Jesús, no debe ser reducido  a una valoración de un crimen que no se había cometido por el enjuiciado, en un aberrante procedimiento que, fue una caricatura de proceso judicial, como el realizado por el Sanedrín, Herodes y Pilatos. 

El Juicio a Jesús, tiene que ser objeto de evaluación de los valores de la humanidad y su importancia, porque no fue el juzgamiento de un modelo de vida espiritual fundada en el amor al prójimo, independiente de nuestras diferencias.

El norte de la vida espiritual de Jesús no chocaba con el de la democracia, de hecho, su reino no era de este mundo, era un reinado del espíritu, en consecuencia, sus ideas religiosas no estaban en conflicto con las ideas políticas de la sociedad política ni ponía en peligro a las instituciones romanas, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, por lo que Jesús invitaba al respeto de las leyes y al pago de los impuestos. 

Acerca del mundo espiritual de Jesús, Arthur Kaufmann en su Filosofía del Derecho, explica: “Su regla de oro es el Sermón de la montaña”. En su forma positiva: haz a los demás aquello que desearías que los demás hiciesen por ti. Es decir, persigue el bienestar de tu hijo enfermo, así como, si tú estuvieses enfermo, te gustaría que cuidaran de ti. En su forma negativa: no hagas a los demás aquello que no deseas que te hagan”. Esta regla de oro de Jesús, aplicada en su vida y en sus prédicas no estaban en contra de la humanidad por lo que no ameritaba juicio penal, como el que le montaron, fue un falso positivo se diría hoy.

Fue injusto el juicio y la condena a Jesús, la democracia no debe ser identificada con la burda pregunta a la muchedumbre que Pilatos hizo ofreciendo la libertad de Jesús o de Barrabas. La pregunta no fue democrática, porque una sanción penal debe ser el resultado de una investigación y juzgamiento con el respeto al debido proceso por un juez independiente, y respetándose y garantizándose la defensa técnica. 

La relación entre la democracia y el Juicio de Jesús, que es un asunto que le ha merecido la atención a eminentes juristas de la talla espiritual de Hans Kelsen, Gustavo Zagrebelsky, Carl Schmitt,  no en vano fueron seducidos por el tema y  explican  las conexiones entre el juicio de Jesús y la democracia. Hans Kelsen cierra su libro La esencia y valor de la democracia, con la pregunta acerca de esta relación y en “¿Qué es la justicia?”, así aborda el tema de la verdad. Zagrebelsky escribió: “La crucifixión y la democracia”. 

Columnista
14 abril, 2022

El juicio a Jesús y la democracia

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Eduardo Verano De La Rosa

El Juicio de Jesús, no debe ser reducido  a una valoración de un crimen que no se había cometido por el enjuiciado, en un aberrante procedimiento que, fue una caricatura de proceso judicial, como el realizado por el Sanedrín, Herodes y Pilatos. 


En la Semana Mayor, un tema de reflexión es el  Juicio de Jesús y su relación con la democracia. Importante afirmar que  nuestra sociedad es de fuerte influencia cristiana en  lo religioso y el cristianismo presta un servicio en la fundamentación y justificación de las instituciones políticas, entre estas, la democracia. Esta coincide con el cristianismo, en la idea de que todos los hombres somos iguales, independiente que seamos diferentes.  Iguales pero diferentes, iguales ante la ley y a la participación política. Iguales ante los procesos judiciales. 

La democracia es griega, es ateniense, pero el discurso cristiano coincide y enriquece al de la democracia  y su universalización, por partir de la idea de isonomía, que es  la idea de igualdad de los hombres. La democracia, en su idea de  igualdad de los diferentes en la participación del gobierno de la cosa pública en condiciones de simetría, muy a pesar de las diferencias individuales. En  asuntos del gobierno de la cosa pública a todos nos asiste el derecho a participar en su conformación y en su ejercicio,  independiente de nuestras orientaciones políticas. 

El Juicio de Jesús, no debe ser reducido  a una valoración de un crimen que no se había cometido por el enjuiciado, en un aberrante procedimiento que, fue una caricatura de proceso judicial, como el realizado por el Sanedrín, Herodes y Pilatos. 

El Juicio a Jesús, tiene que ser objeto de evaluación de los valores de la humanidad y su importancia, porque no fue el juzgamiento de un modelo de vida espiritual fundada en el amor al prójimo, independiente de nuestras diferencias.

El norte de la vida espiritual de Jesús no chocaba con el de la democracia, de hecho, su reino no era de este mundo, era un reinado del espíritu, en consecuencia, sus ideas religiosas no estaban en conflicto con las ideas políticas de la sociedad política ni ponía en peligro a las instituciones romanas, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, por lo que Jesús invitaba al respeto de las leyes y al pago de los impuestos. 

Acerca del mundo espiritual de Jesús, Arthur Kaufmann en su Filosofía del Derecho, explica: “Su regla de oro es el Sermón de la montaña”. En su forma positiva: haz a los demás aquello que desearías que los demás hiciesen por ti. Es decir, persigue el bienestar de tu hijo enfermo, así como, si tú estuvieses enfermo, te gustaría que cuidaran de ti. En su forma negativa: no hagas a los demás aquello que no deseas que te hagan”. Esta regla de oro de Jesús, aplicada en su vida y en sus prédicas no estaban en contra de la humanidad por lo que no ameritaba juicio penal, como el que le montaron, fue un falso positivo se diría hoy.

Fue injusto el juicio y la condena a Jesús, la democracia no debe ser identificada con la burda pregunta a la muchedumbre que Pilatos hizo ofreciendo la libertad de Jesús o de Barrabas. La pregunta no fue democrática, porque una sanción penal debe ser el resultado de una investigación y juzgamiento con el respeto al debido proceso por un juez independiente, y respetándose y garantizándose la defensa técnica. 

La relación entre la democracia y el Juicio de Jesús, que es un asunto que le ha merecido la atención a eminentes juristas de la talla espiritual de Hans Kelsen, Gustavo Zagrebelsky, Carl Schmitt,  no en vano fueron seducidos por el tema y  explican  las conexiones entre el juicio de Jesús y la democracia. Hans Kelsen cierra su libro La esencia y valor de la democracia, con la pregunta acerca de esta relación y en “¿Qué es la justicia?”, así aborda el tema de la verdad. Zagrebelsky escribió: “La crucifixión y la democracia”.