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Columnista - 1 marzo, 2010

El exceso de las mayúsculas

MI COLUMNA Por: Mary Daza Orozco Las palabras, como los vestidos, las joyas, los autos, los licores, se ponen de moda y van pasando, no desaparecen, pero van perdiendo notoriedad. Se nota mucho esta costumbre en la juventud, los jóvenes se adueñan de términos para poco a poco irlos reemplazando por otros nuevos. Así ocurrió […]

MI COLUMNA

Por: Mary Daza Orozco

Las palabras, como los vestidos, las joyas, los autos, los licores, se ponen de moda y van pasando, no desaparecen, pero van perdiendo notoriedad. Se nota mucho esta costumbre en la juventud, los jóvenes se adueñan de términos para poco a poco irlos reemplazando por otros nuevos.
Así ocurrió con la palabra espectacular, pero ha permanecido en el tiempo y en el espacio, hasta el punto de que no existe otro vocablo para indicar si algo está bueno. Es espectacular una mujer, una nube, un vestido, una reina, una sonrisa, un profesor, una tarea, un almuerzo, el tendero de la esquina, el nuevo supermercado, una fruta, una película, la prédica de un sacerdote, un disco, en fin todo es espectacular.
Qué tal  si se prueba con las siguientes palabras para darle descanso a espectacular: maravilloso, sorprendente, extraordinario, asombroso, formidable, fantástico, admirable, impresionante, fenomenal, sorprendente; sólo cito esas, pero si usted toma un diccionario de sinónimos se llevara una grata sorpresa al encontrar palabras con un sonido bellísimo y que expresan esa admiración que en principio se tuvo al usar espectacular, y digo al principio porque ya no causa ni frío sólo se convirtió en un término aburrido y es hora de dejarlo descansar.
Pero ahora la moda, sobre todo en los adultos, columnistas, periodistas, escritores y más, es utilizar mayúsculas sostenidas cuando quieren hacer énfasis en una palabra. Se dice mayúscula sostenida cuando es utilizada en todas las letras de una palabra, Ej.: DECRECTA. Pues bien, algunos colegas las usan sin compasión y creen que con eso dejan bien grabada la importancia de lo que quieren decir. La palabra tiene fuerza por si sola, no necesita romper normas gramaticales para que sea más llamativa., esto es tan cierto que hasta los títulos de los libros sólo llevan la mayúscula inicial, con excepción de los nombre propios, como: Cien años de soledad; cuando hay un nombre propio: El círculo de Lisboa, porque esta última palabra es el nombre propio de una ciudad.
Si quiere llamar la atención sobre un concepto en su columna o noticia utilice, si lo amerita, los signos de interrogación, así: ¡Qué soledad la de Haití!, nunca mayúsculas por simples razones: su escrito pierde elegancia, parece un decreto; maltrata los conceptos gramaticales; denota inseguridad al querer señalarle al lector qué es lo importante o impactante de su escrito. Tampoco se usan las mayúsculas en los gentilicios, de modo que Valledupar la lleva porque es un nombre propio, pero vallenato  o valduparense no, ni colombiano, ni norteamericano, sólo si van después de punto o iniciando un escrito.
Es bueno, de vez en cuando, utilizar la gramática y darle un repaso, porque los conocimientos hay que refrescarlos constantemente, en este caso revisar un poco sobre el buen uso de las mayúsculas.
El idioma es un patrimonio cultural, y hasta espiritual, la palabra es el invento más grande que ha producido la humanidad, ninguno lo supera, por lo tanto merece respeto, nuestro cuidado permanente, cada persona es veedora del buen hablar y escribir; de la utilización correcta de cada término, de cada letra o se cada signo.
Sólo hago una petición: que nos unamos para defender nuestro idioma. Los padres con sus hijos, los profesores con sus alumnos, los jefes con sus empleados, y al revés; hay que ser humildes y aceptar la equivocación y que nuestro empleado, nuestro alumno, nuestro hijo, pueden corregirnos, pero que no lo hagan en público.
[email protected]

Columnista
1 marzo, 2010

El exceso de las mayúsculas

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Mary Daza Orozco

MI COLUMNA Por: Mary Daza Orozco Las palabras, como los vestidos, las joyas, los autos, los licores, se ponen de moda y van pasando, no desaparecen, pero van perdiendo notoriedad. Se nota mucho esta costumbre en la juventud, los jóvenes se adueñan de términos para poco a poco irlos reemplazando por otros nuevos. Así ocurrió […]


MI COLUMNA

Por: Mary Daza Orozco

Las palabras, como los vestidos, las joyas, los autos, los licores, se ponen de moda y van pasando, no desaparecen, pero van perdiendo notoriedad. Se nota mucho esta costumbre en la juventud, los jóvenes se adueñan de términos para poco a poco irlos reemplazando por otros nuevos.
Así ocurrió con la palabra espectacular, pero ha permanecido en el tiempo y en el espacio, hasta el punto de que no existe otro vocablo para indicar si algo está bueno. Es espectacular una mujer, una nube, un vestido, una reina, una sonrisa, un profesor, una tarea, un almuerzo, el tendero de la esquina, el nuevo supermercado, una fruta, una película, la prédica de un sacerdote, un disco, en fin todo es espectacular.
Qué tal  si se prueba con las siguientes palabras para darle descanso a espectacular: maravilloso, sorprendente, extraordinario, asombroso, formidable, fantástico, admirable, impresionante, fenomenal, sorprendente; sólo cito esas, pero si usted toma un diccionario de sinónimos se llevara una grata sorpresa al encontrar palabras con un sonido bellísimo y que expresan esa admiración que en principio se tuvo al usar espectacular, y digo al principio porque ya no causa ni frío sólo se convirtió en un término aburrido y es hora de dejarlo descansar.
Pero ahora la moda, sobre todo en los adultos, columnistas, periodistas, escritores y más, es utilizar mayúsculas sostenidas cuando quieren hacer énfasis en una palabra. Se dice mayúscula sostenida cuando es utilizada en todas las letras de una palabra, Ej.: DECRECTA. Pues bien, algunos colegas las usan sin compasión y creen que con eso dejan bien grabada la importancia de lo que quieren decir. La palabra tiene fuerza por si sola, no necesita romper normas gramaticales para que sea más llamativa., esto es tan cierto que hasta los títulos de los libros sólo llevan la mayúscula inicial, con excepción de los nombre propios, como: Cien años de soledad; cuando hay un nombre propio: El círculo de Lisboa, porque esta última palabra es el nombre propio de una ciudad.
Si quiere llamar la atención sobre un concepto en su columna o noticia utilice, si lo amerita, los signos de interrogación, así: ¡Qué soledad la de Haití!, nunca mayúsculas por simples razones: su escrito pierde elegancia, parece un decreto; maltrata los conceptos gramaticales; denota inseguridad al querer señalarle al lector qué es lo importante o impactante de su escrito. Tampoco se usan las mayúsculas en los gentilicios, de modo que Valledupar la lleva porque es un nombre propio, pero vallenato  o valduparense no, ni colombiano, ni norteamericano, sólo si van después de punto o iniciando un escrito.
Es bueno, de vez en cuando, utilizar la gramática y darle un repaso, porque los conocimientos hay que refrescarlos constantemente, en este caso revisar un poco sobre el buen uso de las mayúsculas.
El idioma es un patrimonio cultural, y hasta espiritual, la palabra es el invento más grande que ha producido la humanidad, ninguno lo supera, por lo tanto merece respeto, nuestro cuidado permanente, cada persona es veedora del buen hablar y escribir; de la utilización correcta de cada término, de cada letra o se cada signo.
Sólo hago una petición: que nos unamos para defender nuestro idioma. Los padres con sus hijos, los profesores con sus alumnos, los jefes con sus empleados, y al revés; hay que ser humildes y aceptar la equivocación y que nuestro empleado, nuestro alumno, nuestro hijo, pueden corregirnos, pero que no lo hagan en público.
[email protected]