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Columnista - 14 mayo, 2010

El caso de la Loma, una bomba de tiempo

Por: Jorge Nain Ruiz Se me ha criticado porque esta columna ha sido monotemática. Otros han elogiado mantenerme cinco años hablando sobre lo más preciado que tiene mi región: nuestra música; muchas veces he querido tirar la toalla y escribir sobre otros temas que tal vez puedan interesar más a mis lectores, pero he vuelto […]

Por: Jorge Nain Ruiz
Se me ha criticado porque esta columna ha sido monotemática. Otros han elogiado mantenerme cinco años hablando sobre lo más preciado que tiene mi región: nuestra música; muchas veces he querido tirar la toalla y escribir sobre otros temas que tal vez puedan interesar más a mis lectores, pero he vuelto esto de escribir siempre sobre mi folclor un reto y creo que hay, después de cinco años ininterrumpidos, un record difícil de igualar que hoy, con la venia de ustedes, voy a romper, sólo porque no es justo que mi pueblo natal convertido en el centro de atracción nacional por los conflictos que atraviesa y yo por dedicarme a escribir exclusivamente de folclor, no pueda decir nada al respecto; creo tener el derecho y el deber de manifestar mis apreciaciones sobre lo que está ocurriendo en La Loma de Calenturas.

Cinco años antes de llegar la explotación de carbón a La Loma por parte de la multinacional Drummond, preví en una canción algunos de los problemas que como precio tendríamos que pagar por lo que algunos llamaron la “bonanza carbonera”; esa canción ocupó el segundo lugar en el concurso de canción inédita del Festival “Samuel Martínez” y se titula “Muchachito de carbón”. Hoy, diecisiete años después, me da profunda tristeza que mis premoniciones se estén cumpliendo casi al pie de la letra, por la problemática social a la cual han contribuido empresas privadas, “explotadoras” nacionales e internacionales y especialmente autoridades del orden nacional y local; una catástrofe social anunciada.

Cuál es el costo-beneficio del país en la explotación de su principal producto de exportación que indudablemente le deja muchos recursos económicos, pero que se ven pírricos ante el desastre ecológico, ante las utilidades que le dejan a las multinacionales del carbón, ante la salud de miles de colombianos que cada día se deteriora por los efectos que produce el polvillo de esa explotación a cielo abierto y especialmente ante la desilusión de muchos de mis paisanos que juraban que ellos tendrían prioridad en el empleo de mano de obra no calificada e incluso en la capacitación para acceder a esos puestos de trabajo.

Me duele profundamente lo que vive mi pueblo, sus hijos raizales y también lo que viven aquellos habitantes que, sin nacer allí, llegaron en busca del sueño de un empleo digno y lo que han encontrado es la misma desilusión anunciada en la canción que ya les mencioné; me duele profundamente, siento una gran impotencia al tener que lamentarme desde lejos y poder contribuir muy poco en las soluciones de los problemas. Es triste ver a nuestros gobernantes elegidos popularmente como unos convidados de piedra ante tantos desafueros e injusticias; pero ¿qué hacemos si la máxima dice: “los pueblos tienen los gobernantes que se merecen”?

Es triste escuchar a uno de los culpables de toda esta tragedia, el señor Alfredo Araujo Castro y  a sus allegados, quienes han usufructuado política, económica y socialmente la lamentable situación de esa región, decir que el problema de La Loma es sólo de un reclamo por malos servicios públicos, cuando todos sabemos que ese es apenas uno de los tantos males que aquejan a sus habitantes, y es el colmo del cinismo de ese señor  afirmar: “Drummond ha hecho el esfuerzo de emplear a personas de ese corregimiento, si se tiene en cuenta que hay ubicados 490 nacidos allí.”

Yo no sé si los métodos y medios empleados por los protestantes sean los más adecuados, y nunca he avalado  actividades violentas, pero no hay derecho a que las autoridades locales, departamentales y nacionales, a sabiendas de que la protesta obedece en gran parte a la incapacidad, desidia y omisión del cumplimiento de las funciones de sus gobernantes en un estado que se dice ser: Social de Derecho,  atropelle y maltrate físicamente a quienes tienen el justo derecho de reclamar un mínimo de dignidad ante tanta canallada de empresas multinacionales, avaladas por algunos gobernantes corruptos que simplemente piensan en cómo sacan su tajada de ese negocio.

Dice un dicho popular: Tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe. Creo que mi pueblo y su gente hemos padecido y aguantado tanto, que la bomba de tiempo social aún no ha estallado; simplemente lo que ha ocurrido es un pequeño desfogue que debería servir de voz de alarma para el Estado y sus insensibles autoridades.

COLOFÓN: En el desayuno se sabe como va a ser el almuerzo. Muy bueno el adelanto de Silvestre y Juancho, ya tengo de rington al “Cantinero”.

Columnista
14 mayo, 2010

El caso de la Loma, una bomba de tiempo

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Jorge Nain

Por: Jorge Nain Ruiz Se me ha criticado porque esta columna ha sido monotemática. Otros han elogiado mantenerme cinco años hablando sobre lo más preciado que tiene mi región: nuestra música; muchas veces he querido tirar la toalla y escribir sobre otros temas que tal vez puedan interesar más a mis lectores, pero he vuelto […]


Por: Jorge Nain Ruiz
Se me ha criticado porque esta columna ha sido monotemática. Otros han elogiado mantenerme cinco años hablando sobre lo más preciado que tiene mi región: nuestra música; muchas veces he querido tirar la toalla y escribir sobre otros temas que tal vez puedan interesar más a mis lectores, pero he vuelto esto de escribir siempre sobre mi folclor un reto y creo que hay, después de cinco años ininterrumpidos, un record difícil de igualar que hoy, con la venia de ustedes, voy a romper, sólo porque no es justo que mi pueblo natal convertido en el centro de atracción nacional por los conflictos que atraviesa y yo por dedicarme a escribir exclusivamente de folclor, no pueda decir nada al respecto; creo tener el derecho y el deber de manifestar mis apreciaciones sobre lo que está ocurriendo en La Loma de Calenturas.

Cinco años antes de llegar la explotación de carbón a La Loma por parte de la multinacional Drummond, preví en una canción algunos de los problemas que como precio tendríamos que pagar por lo que algunos llamaron la “bonanza carbonera”; esa canción ocupó el segundo lugar en el concurso de canción inédita del Festival “Samuel Martínez” y se titula “Muchachito de carbón”. Hoy, diecisiete años después, me da profunda tristeza que mis premoniciones se estén cumpliendo casi al pie de la letra, por la problemática social a la cual han contribuido empresas privadas, “explotadoras” nacionales e internacionales y especialmente autoridades del orden nacional y local; una catástrofe social anunciada.

Cuál es el costo-beneficio del país en la explotación de su principal producto de exportación que indudablemente le deja muchos recursos económicos, pero que se ven pírricos ante el desastre ecológico, ante las utilidades que le dejan a las multinacionales del carbón, ante la salud de miles de colombianos que cada día se deteriora por los efectos que produce el polvillo de esa explotación a cielo abierto y especialmente ante la desilusión de muchos de mis paisanos que juraban que ellos tendrían prioridad en el empleo de mano de obra no calificada e incluso en la capacitación para acceder a esos puestos de trabajo.

Me duele profundamente lo que vive mi pueblo, sus hijos raizales y también lo que viven aquellos habitantes que, sin nacer allí, llegaron en busca del sueño de un empleo digno y lo que han encontrado es la misma desilusión anunciada en la canción que ya les mencioné; me duele profundamente, siento una gran impotencia al tener que lamentarme desde lejos y poder contribuir muy poco en las soluciones de los problemas. Es triste ver a nuestros gobernantes elegidos popularmente como unos convidados de piedra ante tantos desafueros e injusticias; pero ¿qué hacemos si la máxima dice: “los pueblos tienen los gobernantes que se merecen”?

Es triste escuchar a uno de los culpables de toda esta tragedia, el señor Alfredo Araujo Castro y  a sus allegados, quienes han usufructuado política, económica y socialmente la lamentable situación de esa región, decir que el problema de La Loma es sólo de un reclamo por malos servicios públicos, cuando todos sabemos que ese es apenas uno de los tantos males que aquejan a sus habitantes, y es el colmo del cinismo de ese señor  afirmar: “Drummond ha hecho el esfuerzo de emplear a personas de ese corregimiento, si se tiene en cuenta que hay ubicados 490 nacidos allí.”

Yo no sé si los métodos y medios empleados por los protestantes sean los más adecuados, y nunca he avalado  actividades violentas, pero no hay derecho a que las autoridades locales, departamentales y nacionales, a sabiendas de que la protesta obedece en gran parte a la incapacidad, desidia y omisión del cumplimiento de las funciones de sus gobernantes en un estado que se dice ser: Social de Derecho,  atropelle y maltrate físicamente a quienes tienen el justo derecho de reclamar un mínimo de dignidad ante tanta canallada de empresas multinacionales, avaladas por algunos gobernantes corruptos que simplemente piensan en cómo sacan su tajada de ese negocio.

Dice un dicho popular: Tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe. Creo que mi pueblo y su gente hemos padecido y aguantado tanto, que la bomba de tiempo social aún no ha estallado; simplemente lo que ha ocurrido es un pequeño desfogue que debería servir de voz de alarma para el Estado y sus insensibles autoridades.

COLOFÓN: En el desayuno se sabe como va a ser el almuerzo. Muy bueno el adelanto de Silvestre y Juancho, ya tengo de rington al “Cantinero”.