EDITORIAL

Se busca acordeonero

Sentado en el patio de La Casa Museo del Acordeón Beto Murgas es un deleite observar las caratulas de los LP o larga duración de nuestra música tradicional llevada a estudio de grabación.

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Sentado en el patio de La Casa Museo del Acordeón Beto Murgas es un deleite observar las caratulas de los LP o larga duración de nuestra música tradicional llevada a estudio de grabación.

Ver en estas gráficas de un cartón colorido a los artistas del vallenato rememora épocas añoradas, aún más en estos días de la comunicación digital que plantea sucesos efímeros y que vienen como en manada; cantidad por calidad podría decirse; es la nueva era, de eso también gozamos.

Pero hay un long play que llama la atención y que según el gestor cultural, acordeonero, compositor y folclorista, Alberto ‘Beto’ Murgas, evidencia el momento clave para entender cómo el acordeonista dejó de ser el estelar en la naciente industria de la música vallenata y el vocalista, sagazmente Diomedes, ocupo un lugar diferente, tal vez impensado, hasta ese momento.

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