Todos los congresistas del Cesar, dos senadores y cuatro representantes, de los partidos de La U, Cambio Radical, el Partido Conservador y el Partido Liberal han escogido la candidatura a la gobernación de Elvia Milena San Juan. Ellos representan el poder político territorial. Todos porque la excepción, que es afín al Gobierno nacional, Imelda Daza, deriva su curul en el Senado de un poder distinto al local que surgió por los acuerdos de paz con la Farc.
Aunque los funcionarios públicos, el gobernador y los alcaldes, no deberían participar en política, es evidente que aquel, y más de 25 alcaldes, acompañan esa aspiración que tiene su origen y motor principal en la familia Monsalvo Gnecco. Eso se replicará en los aspirantes a esas alcaldías y a sus respectivos concejos y asamblea. Con tal apoyo de administraciones que han contando con millonarias regalías, y transferencias de la nación, para hacer obras físicas, exitosas y cuestionadas, aupadas por el poder parlamentario, es lógico que arranquen con un amplio favoritismo al punto de que, dada la dispersión de candidatos alternativos, en el caso de la gobernación, se puede afirmar que lo que hoy se protocoliza es el nombramiento de la gobernadora.
Por si faltare algo, además de los recursos propios de la organización que representa un hegemónico clan político, hay una amplia red de contratistas, empleados, amigos y familiares que, para darle combustible a la incontenible maquinaria, abre vía entre lodo, piedras y tempestades.





