El DANE dio a conocer el Índice de Pobreza Multidimensional en Colombia para el año 2025. El total nacional se ubicó en un 9,9 %, logrando una reducción de 1,5 puntos porcentuales respecto al 2024. La mala noticia es que el Cesar va en contravía: en el departamento la pobreza creció 1,4 puntos, quedando en un preocupante 14,8 %.
Para entender el peso de esta cifra, hay que recordar que la pobreza multidimensional mide la calidad de vida de las familias más allá del dinero que ingresa a sus bolsillos. Este índice evalúa las privaciones estructurales dividiendo las necesidades en cinco grandes dimensiones: condiciones educativas, entorno de la niñez y la juventud, situación de trabajo, acceso a la salud, y condiciones de la vivienda y servicios públicos.
En la práctica, el índice castiga realidades como el trabajo informal, el desempleo de larga duración, la falta de aseguramiento médico o carencias de infraestructura como el hacinamiento y la falta de agua potable. Si un hogar acumula privaciones en un porcentaje significativo de estos 15 indicadores, entra al mapa de la pobreza multidimensional.
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Con esta lupa, los datos del Cesar muestran fenómenos atípicos. En el panorama nacional, la tendencia general indica que los hogares con jefatura femenina suelen ser los más vulnerables. Sin embargo, el departamento camina en sentido contrario: las familias lideradas por hombres registran un mayor índice de pobreza multidimensional con un 15,2 %, superando el 14,4 % reportado en los hogares encabezados por mujeres.
¿Por qué son pobres los cesarenses?
Al desglosar las cifras para entender qué variables están arrastrando al departamento, el informe revela que las carencias en educación y trabajo siguen siendo las anclas más pesadas para el progreso.
Aunque ambos renglones mostraron una muy leve disminución frente al año anterior, la realidad es que el 36,3 % de los hogares sigue atrapado por privaciones educativas y el 28,7 % enfrenta serias dificultades laborales, apalancadas por la informalidad y el desempleo.
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El panorama se oscurece al observar los indicadores que empeoraron durante el último año. Las condiciones de la niñez y la juventud sufrieron un retroceso en el Cesar, pasando de una afectación del 15,4 % en 2024 al 16,3 % en 2025. Un deterioro similar se registró en el componente de vivienda, donde las carencias de las familias subieron al 14,2 %, demostrando que el acceso a un hábitat digno y la protección de las nuevas generaciones son frentes donde la política social local está perdiendo terreno.
Un campo más rezagado
El rezago más marcado del departamento se concentra en el campo, evidenciando una profunda brecha de desigualdad territorial. Mientras a nivel nacional la pobreza en las zonas rurales logró reducirse, el panorama en el Cesar fue de franco retroceso.
En los centros poblados y la ruralidad dispersa, la incidencia de la pobreza saltó del 21,3 % en 2024 al 29,6 % en 2025. Un aumento de 8,3 puntos porcentuales que rompe la tendencia de recuperación del país y habla de carencias en vivienda, salud y educación que están castigando con mucha mayor severidad a las familias campesinas del departamento.







