Según los más recientes reportes de la Organización Meteorológica Mundial y del Centro de Predicciones Climáticas de la NOAA, hay entre 80% y 90% de probabilidad de que El Niño se consolide entre junio y agosto y se prolongue hasta comienzos de 2027, escenario que eleva el riesgo de olas de calor, sequías y eventos extremos en sectores agrícolas del el Cesar.
En este contexto, la alerta no solo pasa por el agua para consumo humano, sino también por uno de los renglones agrícolas que más depende de este recurso: el arroz, un cultivo que, de acuerdo con estudios técnicos citados por la Federación Nacional de Arroceros, puede requerir entre 7.000 y 10.000 metros cúbicos de agua por hectárea a lo largo de su ciclo, según el sistema de producción y las condiciones del suelo.
El pronóstico alto en el descenso de lluvias desde junio, altas temperaturas y fuentes hídricas bajo presión, esa demanda se vuelve un punto crítico para los productores y para las cuencas donde se concentran los distritos arroceros del departamento.






