“lo único constante es el cambio”
Heráclito
Cuando fui invitado a escribir en este importante periódico de la región sobre la denominada economía creativa o economía naranja, me resultó imposible dejar de hacer alusión aquí a mis impresiones recibidas en un reciente seminario sobre Economía Naranja y Tecnología llevado a cabo en la asociación de exalumnos de mi universidad.
Fueron muy ilustrativas e interesantes las presentaciones del alto gobierno, la industria y los gremios productivos del país sobre lo que sería en adelante el desarrollo e impulso a esta política de gobierno. Se habló de los proyectos, de la construcción de una política pública, del papel de las entidades involucradas, e incluso, de la forma en que podrían canalizarse recursos para financiar el desarrollo de las industrias creativas y de la innovación. Muy interesante sin duda y dado el poco tiempo del nuevo gobierno, el sentimiento de apoyo a una buena intención que se puede convertir en motor de la economía, era evidente. Pero mi alborozo de esos paneles, pasó a la desazón cuando llegué al último panel compuesto por jóvenes emprendedores que iban a contarnos sus experiencias de éxito y sus dificultades.











