10 junio, 2021

Echándole más sal a las heridas

Soy uno de los muchos ciudadanos conscientes de que en nuestro país persisten millares de cuestiones que incitan a protestar con justa razón en contra de la institucionalidad colombiana. También uno de los tantos convencidos de que Iván Duque Márquez no es la persona idónea para gobernar a Colombia y menos en este cuatrienio tan […]

Soy uno de los muchos ciudadanos conscientes de que en nuestro país persisten millares de cuestiones que incitan a protestar con justa razón en contra de la institucionalidad colombiana. También uno de los tantos convencidos de que Iván Duque Márquez no es la persona idónea para gobernar a Colombia y menos en este cuatrienio tan importante para consolidar la paz que permita lograr un progreso económico, social, educativo y político con democracia estructurada, participativa e incluyente por méritos, entre otros atributos que conllevan al bienestar colectivo.

No obstante lo manifestado, considero que en este momento que padecemos una pandemia tan desastrosa -si mal no recuerdo, ya lo expuse en otra de mis columnas- no se debió hacer una protesta callejera o por lo menos no tan prolongada, pues ya el paro nacional lleva más de 40 días y pareciera que lo alargarán no se sabe por cuánto tiempo más.

Admitamos que el inoportuno proyecto de reforma tributaria en medio de la pandemia fue determinante para que la ya prevista protesta alcanzara mayor cantidad de participantes, entre los cuales siempre se infiltran los consabidos pescaderos en ríos revueltos de múltiples intereses, los vándalos, cuya mayoría son ladrones oportunistas; tampoco faltan aquellos que aprovechan las muchedumbres para desfogar los resentimientos reprimidos; además de los espectadores curiosos, que ante cualquier amago de intervención de la fuerza pública son los primeros en correr provocando caos incontrolable.

A pesar de que el presidente Duque retiró el malhadado proyecto de reforma tributaria, los promotores del paro nacional se han empecinado en continuar las protestas callejeras, ignorando el contagio de covid-19, muestra fehaciente de que poco o nada les importa la muerte de sus compatriotas, como bien lo dijo el ilustre periodista Miguel Aroca Yepes, en su columna publicada ayer en EL PILÓN con el título: ‘El retruécano de la crisis colombiana’. 

En ella escribe: “…Este es un país que no se maneja con ideas, sino con emociones, lo que dificulta lograr consensos en medio de la adversidad de la pandemia, que desaceleró la economía y afectó los mercados bursátiles, sin mencionar la catástrofe humana, porque una sola muerte es una tragedia…”.

El desafío de los obstinados miembros del Comité del paro nacional, además de inconveniente, es inservible para cualquier aspiración de índole política de veras. Es un total desatino el argumento de que las aglomeraciones de las marchas callejeras son menos contagiosas que el traslado de la gente en TransMilenio, Metroplús, MIO, Transmetro, Megabús, Transcaribe y Metrolínea, que movilizan el 56 % de los pasajeros que utilizan transporte público urbano en las siete ciudades más populosas del país.

Algunos críticos pontifican que el presidente Duque es el jefe de campaña de Gustavo Petro en su indeclinable aspiración a la Presidencia de la República.  Por la posición imprudente de los del comité del prolongado paro nacional, cabe preguntar: ¿Será que a Gustavo Petro le conviene la postura de los promotores de las protestas callejeras? Porque en realidad están echándole más sal a las heridas profundas que desde hace mucho rato tiene nuestro país. 

PD: Mis sentidas condolencias a la señora Fina Cotes, madre de Benjamín Calderón Cotes; a su señora Josefina Morón, a sus hijos, a sus hermanos y demás familiares, por el sensible fallecimiento de su ser querido. Sin duda alguna, Benjamín más que un empresario fue una persona altruista benefactora de la gente de su terruño, de su familia y amigos. Mi ferviente deseo es q. e. p. d. Amén.