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Columnista - 12 marzo, 2010

Después de Núñez… ¿Petro?

Por: Raúl Bermúdez Márquez No sólo las encuestas, sino el gran  fervor y la mística que se evidenció en la visita a Valledupar del candidato presidencial Gustavo Petro, el pasado 8 de marzo, indican que habrá una segunda vuelta entre él y Juan  Manuel Santos. El acto en la sede de la Asociación de Educadores […]

Por: Raúl Bermúdez Márquez

No sólo las encuestas, sino el gran  fervor y la mística que se evidenció en la visita a Valledupar del candidato presidencial Gustavo Petro, el pasado 8 de marzo, indican que habrá una segunda vuelta entre él y Juan  Manuel Santos.
El acto en la sede de la Asociación de Educadores fue impresionante, el auditorio principal que en condiciones normales puede albergar unas 1500 personas estaba abarrotado hasta las banderas, como se dice en los estadios de fútbol cuando la gente tiene que ver el partido de pié.
Entre Santos y Petro existe una diferencia abismal. El primero proveniente de la más rancia oligarquía santafereña, le encantan los campos, pero de golf, sobre todo si tiene la oportunidad de mostrar su destreza en compañía de Camilo Villegas y de los camarógrafos de los grandes canales de televisión.
El segundo, oriundo de Ciénaga de Oro, Córdoba, población caribeña de estirpe campesina que deriva su nombre del hecho de que en los cerros situados al oriente y en épocas de lluvias torrenciales, descendían en abundancia pepitas de oro que después eran recogidos por los pobladores; pero que hoy, ante el agotamiento del precioso metal, es más conocida como la capital Casabera de Colombia, porque se produce el casabe, una sabrosa torta redonda y delgada a base de yuca que hace parte de la dieta alimentaria.
De otro lado, mientras Santos cursó su bachillerato en el exclusivo Colegio San Carlos de Bogotá, Petro lo hizo en el Colegio Nacional de La Salle de Zipaquirá, donde fundó el periódico “Carta al Pueblo” y el Centro Cultural García Márquez, en honor al futuro Nobel que también había sido alumno de esa institución.
Así mismo, mientras el patrón de comportamiento político de Santos como bien lo apunta “La silla vacía”, parece extraído de “El Principe” de Maquiavelo, porque le ha hecho oposición a los últimos tres presidentes de Colombia, para luego unirse al Gobierno asumiendo la cartera que le ofrece mayores retos y visibilidad; a Petro en cambio, le ha tocado transitar los caminos tortuosos y riesgosos de la oposición desde cuando la exhibición del mosaico de bachiller en el que aparecía García Márquez por poco le cuesta ser expulsado del colegio de los hermanos Lasallistas.
Pero la raya divisoria fundamental entre los dos, en la actual coyuntura estriba en que, a diferencia de los uribistas  –incluyendo a Santos-, que se esfuerzan por ser la imagen y semejanza del presidente Uribe para  pensar como él, hablar como él, montar bien a caballo como él, ser ungidos por él, y a lo mejor parodiando a la canción “La gemela” de los Betos, portarse en la cama como él, Petro hace un gran esfuerzo por acordar el futuro entre los colombianos sobre la base de apostarle al poder del trabajo, que significa tener en cuenta a la inmensa mayoría de compatriotas históricamente excluidos a través de la democratización del saber (educación), el poder (la tierra) y las oportunidades (crédito y subsidio).
Tres estrategias que para que tengan éxito deberán estar indefectiblemente ligadas a una nueva ética gubernamental, como  condición  sine qua-non para el desarrollo de una política orientada a disminuir la desigualdad y la pobreza y a garantizar la seguridad integral de todos los colombianos. Sería imposible en aras de la brevedad, ahondar aquí en detalles sobre la propuesta de Petro.  Sin embargo a manera de resumen, y como bien lo explicó en su intervención en Valledupar, se trata simple y llanamente de sustituir el concepto y la práctica de seguridad con inequidad social (desempleo, desigualdad social, inseguridad urbana, corrupción y política mafiosa, entre otros lastres), por el concepto y la práctica de la seguridad con equidad social.
Por ahí andan algunos candidatos presidenciales, con el ánimo de pescar incautos,  barajando nombres de personas de la región Caribe para convertirlo en su fórmula para la vicepresidencia. Para su desencanto, después de 126 años cuando el cartagenero Rafael Núñez asumió por segunda vez la presidencia, esta región marginada por el centralismo agobiante, tiene la posibilidad con Gustavo Petro, de acceder otra vez al primer cargo de la nación.

[email protected]

Columnista
12 marzo, 2010

Después de Núñez… ¿Petro?

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Raúl Bermúdez Márquez

Por: Raúl Bermúdez Márquez No sólo las encuestas, sino el gran  fervor y la mística que se evidenció en la visita a Valledupar del candidato presidencial Gustavo Petro, el pasado 8 de marzo, indican que habrá una segunda vuelta entre él y Juan  Manuel Santos. El acto en la sede de la Asociación de Educadores […]


Por: Raúl Bermúdez Márquez

No sólo las encuestas, sino el gran  fervor y la mística que se evidenció en la visita a Valledupar del candidato presidencial Gustavo Petro, el pasado 8 de marzo, indican que habrá una segunda vuelta entre él y Juan  Manuel Santos.
El acto en la sede de la Asociación de Educadores fue impresionante, el auditorio principal que en condiciones normales puede albergar unas 1500 personas estaba abarrotado hasta las banderas, como se dice en los estadios de fútbol cuando la gente tiene que ver el partido de pié.
Entre Santos y Petro existe una diferencia abismal. El primero proveniente de la más rancia oligarquía santafereña, le encantan los campos, pero de golf, sobre todo si tiene la oportunidad de mostrar su destreza en compañía de Camilo Villegas y de los camarógrafos de los grandes canales de televisión.
El segundo, oriundo de Ciénaga de Oro, Córdoba, población caribeña de estirpe campesina que deriva su nombre del hecho de que en los cerros situados al oriente y en épocas de lluvias torrenciales, descendían en abundancia pepitas de oro que después eran recogidos por los pobladores; pero que hoy, ante el agotamiento del precioso metal, es más conocida como la capital Casabera de Colombia, porque se produce el casabe, una sabrosa torta redonda y delgada a base de yuca que hace parte de la dieta alimentaria.
De otro lado, mientras Santos cursó su bachillerato en el exclusivo Colegio San Carlos de Bogotá, Petro lo hizo en el Colegio Nacional de La Salle de Zipaquirá, donde fundó el periódico “Carta al Pueblo” y el Centro Cultural García Márquez, en honor al futuro Nobel que también había sido alumno de esa institución.
Así mismo, mientras el patrón de comportamiento político de Santos como bien lo apunta “La silla vacía”, parece extraído de “El Principe” de Maquiavelo, porque le ha hecho oposición a los últimos tres presidentes de Colombia, para luego unirse al Gobierno asumiendo la cartera que le ofrece mayores retos y visibilidad; a Petro en cambio, le ha tocado transitar los caminos tortuosos y riesgosos de la oposición desde cuando la exhibición del mosaico de bachiller en el que aparecía García Márquez por poco le cuesta ser expulsado del colegio de los hermanos Lasallistas.
Pero la raya divisoria fundamental entre los dos, en la actual coyuntura estriba en que, a diferencia de los uribistas  –incluyendo a Santos-, que se esfuerzan por ser la imagen y semejanza del presidente Uribe para  pensar como él, hablar como él, montar bien a caballo como él, ser ungidos por él, y a lo mejor parodiando a la canción “La gemela” de los Betos, portarse en la cama como él, Petro hace un gran esfuerzo por acordar el futuro entre los colombianos sobre la base de apostarle al poder del trabajo, que significa tener en cuenta a la inmensa mayoría de compatriotas históricamente excluidos a través de la democratización del saber (educación), el poder (la tierra) y las oportunidades (crédito y subsidio).
Tres estrategias que para que tengan éxito deberán estar indefectiblemente ligadas a una nueva ética gubernamental, como  condición  sine qua-non para el desarrollo de una política orientada a disminuir la desigualdad y la pobreza y a garantizar la seguridad integral de todos los colombianos. Sería imposible en aras de la brevedad, ahondar aquí en detalles sobre la propuesta de Petro.  Sin embargo a manera de resumen, y como bien lo explicó en su intervención en Valledupar, se trata simple y llanamente de sustituir el concepto y la práctica de seguridad con inequidad social (desempleo, desigualdad social, inseguridad urbana, corrupción y política mafiosa, entre otros lastres), por el concepto y la práctica de la seguridad con equidad social.
Por ahí andan algunos candidatos presidenciales, con el ánimo de pescar incautos,  barajando nombres de personas de la región Caribe para convertirlo en su fórmula para la vicepresidencia. Para su desencanto, después de 126 años cuando el cartagenero Rafael Núñez asumió por segunda vez la presidencia, esta región marginada por el centralismo agobiante, tiene la posibilidad con Gustavo Petro, de acceder otra vez al primer cargo de la nación.

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