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Columnista - 7 marzo, 2010

De la emergencia social

Por: Nurys Esther Pardo Conrado Últimamente, además de las campañas políticas, el pan de cada día es la emergencia social decretada en el actual gobierno del doctor Uribe Vélez, sociedades de médicos y paramédicos inconformes, médicos maniatados casi que sin poder ejercer su profesión, hospitales vuelto unos desastres por física falta de recursos y como […]

Por: Nurys Esther Pardo Conrado
Últimamente, además de las campañas políticas, el pan de cada día es la emergencia social decretada en el actual gobierno del doctor Uribe Vélez, sociedades de médicos y paramédicos inconformes, médicos maniatados casi que sin poder ejercer su profesión, hospitales vuelto unos desastres por física falta de recursos y como siempre, el pobre usuario es el más golpeado, quien al final no sabe que le espera al momento de enfermarse y sin contar con los recursos para poder cubrir sus tratamientos médicos o quirúrgicos, ni cesantías con que pagar los mismos y  en el pos el mismo listado de medicamentos de más de veinte años, sin que se tenga en cuenta los avances farmacéuticos sobre el particular.
A los médicos les toca mirar con el mismo rasero a todos los enfermos, pues no disponen de autonomía necesaria para recetar lo que en verdad necesita dicho paciente, sino que deben hacerlo con aquellas que le permitan en las EPS, hoy a riesgo de ser sancionados hasta con 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes si se salen de ese catalogo, su independencia se encuentra disminuida, casi que en su totalidad, además con este proceder se les conmina a que se olviden de la medicina y son obligados a formular conforme al egoísmos de las EPS, que a pesar de contar con recursos en demasía prescriben entregar a los pacientes drogas inocuas y baratísimas, es decir, ellos tienen que olvidarse de lo que aprendieron en las aulas universitarias para aplicar únicamente lo que dice la tacañería de los dueños de las EPS.
Se magnifica el problema de la ley 100 de 1993, que fue bien concebida, pero mal interpretada, pues la solidaridad en que se fundamenta frente a la práctica de la mutua ayuda entre las personas, las generaciones, los sectores económicos, las regiones y las comunidades bajo el principio del más fuerte hacia el más débil, y el deber del Estado de garantizar la solidaridad en el régimen de Seguridad Social, mediante su participación, control y dirección, ha quedado desvirtuada por los malas y torticeras interpretaciones de los que intervienen en este proceso, que no son médicos y quienes no tienen nada que ver con la medicina, sino que son unos mercachifles que solo están pendiente de aprovecharse económicamente al máximo de las necesidades de su prójimo.
No se alcanza a entender el porqué a los hospitales públicos no se les pagan los miles de millones de pesos que les deben de manera directa, pues a cambio de girarles a ellos los recursos que les corresponden, lo hacen a través de terceros o intermediarios quienes al final encarecen el servicio quedándose con la mayor parte, especulando con la plata que tienen en depósito. Es el caso, de las cooperativas que existen en muchos hospitales, los que inmisericordemente le arrancan al trabajador de la salud un alto porcentaje de su sueldo, ya que a través de ellas es que son contratados, pudiéndose  hacer directamente.
Por igual, los recursos que llegan a las EPS, para la promoción de la salud y prevención de las enfermedades muy poco se invierten, y hoy por hoy, son muchas las afecciones originadas por un inadecuado manejo preventivo, verbigracia el dengue que ha cobrado varias victimas en nuestro departamento, cuyo transmisor pulula en aguas estancadas, floreros, llantas etc., que de haber sido manejado y sensibilizado oportuna y adecuadamente se hubiera erradicado o por lo menos disminuido tal enfermedad. Olvidando que “Es mejor prevenir que lamentar”
No es desconocido que la Ley 100 de 1993 necesita una buena reforma, pero ésta debe hacerse involucrando a todos los actores principales y protagonistas del sistema y no a una parte de ellos, para que pueda surtir el efecto necesario.
Seguiremos esperando con paciencia de misionero que los congresistas se atrevan hacer la reforma  que verdaderamente se necesita en el sector de la salud, afortunadamente hoy encontramos médicos aspirando al Senado con sus mejores deseos, por que además de ser médicos tienen la voluntad del servicio a su prójimo y al llegar allá ojala no se les olvide su razón de ser para alcanzar ese escaño en sus vida.

[email protected]

Columnista
7 marzo, 2010

De la emergencia social

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Nurys Pardo Conrado

Por: Nurys Esther Pardo Conrado Últimamente, además de las campañas políticas, el pan de cada día es la emergencia social decretada en el actual gobierno del doctor Uribe Vélez, sociedades de médicos y paramédicos inconformes, médicos maniatados casi que sin poder ejercer su profesión, hospitales vuelto unos desastres por física falta de recursos y como […]


Por: Nurys Esther Pardo Conrado
Últimamente, además de las campañas políticas, el pan de cada día es la emergencia social decretada en el actual gobierno del doctor Uribe Vélez, sociedades de médicos y paramédicos inconformes, médicos maniatados casi que sin poder ejercer su profesión, hospitales vuelto unos desastres por física falta de recursos y como siempre, el pobre usuario es el más golpeado, quien al final no sabe que le espera al momento de enfermarse y sin contar con los recursos para poder cubrir sus tratamientos médicos o quirúrgicos, ni cesantías con que pagar los mismos y  en el pos el mismo listado de medicamentos de más de veinte años, sin que se tenga en cuenta los avances farmacéuticos sobre el particular.
A los médicos les toca mirar con el mismo rasero a todos los enfermos, pues no disponen de autonomía necesaria para recetar lo que en verdad necesita dicho paciente, sino que deben hacerlo con aquellas que le permitan en las EPS, hoy a riesgo de ser sancionados hasta con 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes si se salen de ese catalogo, su independencia se encuentra disminuida, casi que en su totalidad, además con este proceder se les conmina a que se olviden de la medicina y son obligados a formular conforme al egoísmos de las EPS, que a pesar de contar con recursos en demasía prescriben entregar a los pacientes drogas inocuas y baratísimas, es decir, ellos tienen que olvidarse de lo que aprendieron en las aulas universitarias para aplicar únicamente lo que dice la tacañería de los dueños de las EPS.
Se magnifica el problema de la ley 100 de 1993, que fue bien concebida, pero mal interpretada, pues la solidaridad en que se fundamenta frente a la práctica de la mutua ayuda entre las personas, las generaciones, los sectores económicos, las regiones y las comunidades bajo el principio del más fuerte hacia el más débil, y el deber del Estado de garantizar la solidaridad en el régimen de Seguridad Social, mediante su participación, control y dirección, ha quedado desvirtuada por los malas y torticeras interpretaciones de los que intervienen en este proceso, que no son médicos y quienes no tienen nada que ver con la medicina, sino que son unos mercachifles que solo están pendiente de aprovecharse económicamente al máximo de las necesidades de su prójimo.
No se alcanza a entender el porqué a los hospitales públicos no se les pagan los miles de millones de pesos que les deben de manera directa, pues a cambio de girarles a ellos los recursos que les corresponden, lo hacen a través de terceros o intermediarios quienes al final encarecen el servicio quedándose con la mayor parte, especulando con la plata que tienen en depósito. Es el caso, de las cooperativas que existen en muchos hospitales, los que inmisericordemente le arrancan al trabajador de la salud un alto porcentaje de su sueldo, ya que a través de ellas es que son contratados, pudiéndose  hacer directamente.
Por igual, los recursos que llegan a las EPS, para la promoción de la salud y prevención de las enfermedades muy poco se invierten, y hoy por hoy, son muchas las afecciones originadas por un inadecuado manejo preventivo, verbigracia el dengue que ha cobrado varias victimas en nuestro departamento, cuyo transmisor pulula en aguas estancadas, floreros, llantas etc., que de haber sido manejado y sensibilizado oportuna y adecuadamente se hubiera erradicado o por lo menos disminuido tal enfermedad. Olvidando que “Es mejor prevenir que lamentar”
No es desconocido que la Ley 100 de 1993 necesita una buena reforma, pero ésta debe hacerse involucrando a todos los actores principales y protagonistas del sistema y no a una parte de ellos, para que pueda surtir el efecto necesario.
Seguiremos esperando con paciencia de misionero que los congresistas se atrevan hacer la reforma  que verdaderamente se necesita en el sector de la salud, afortunadamente hoy encontramos médicos aspirando al Senado con sus mejores deseos, por que además de ser médicos tienen la voluntad del servicio a su prójimo y al llegar allá ojala no se les olvide su razón de ser para alcanzar ese escaño en sus vida.

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