9 diciembre, 2019

De cómo el agua del Ranchería podrá servir al Cesar y la del Guatapurí a La Guajira.

Es curioso pero los directivos de los Juegos Bolivarianos fueron a ver la represa El Cercado sobre el río Rancheria para evaluar si era útil como escenario de las competencias náuticas de los juegos que se realizarán en Valledupar en el año 2021. ¿Porqué fueron hasta allí? Porque hay un embalse de 200 millones de […]

Es curioso pero los directivos de los Juegos Bolivarianos fueron a ver la represa El Cercado sobre el río Rancheria para evaluar si era útil como escenario de las competencias náuticas de los juegos que se realizarán en Valledupar en el año 2021.

¿Porqué fueron hasta allí? Porque hay un embalse de 200 millones de m3, destinado para llevar el agua a los municipios de La Guajira, a miles de tierras con potencial agrícola y con potencial para cierta generación eléctrica y uso recreacional o turístico. Dentro de este último uso podría usarse para efectos deportivos. Hasta hoy no ha sido más que un elefante blanco, durante una década, – costó $650 mil millones la fase 1 concluida en 2010; a precios de hoy un billón de pesos- condición de inactividad que se ha previsto superar gracias a un programa del gobierno Duque denominado Guajira Azul que hará posible la conexión a los acueductos municipales que lidera el ministro vallenato-guajiro Johnatan Malagón.
Fueron los dirigentes deportivos hasta allí por la proximidad a Valledupar. Llegando a San Juan del Cesar no habría que llegar más al norte hasta Distracción para voltear hacia la izquierda sino que se sigue un carreteable mejorable desde el propio San Juan, de manera que en poco más de una hora, desde el pozo de Hurtado, se está arribando a la bella represa, denominada también de El Cercado.

Lo particular es que esa proximidad podría también servir de reserva fundamental para asegurar por décadas el agua para el acueducto de la ciudad.

Por supuesto, tenemos que desarrollar la represa de Besotes, de menor envergadura, – para cuyos estudios detallados y finales requerimos la apropiación de unos $8.000 millones, su contratación y proceder posteriormente con la estructuración técnica-legal-ambiental-financiera para abastecer a la cabecera urbana de Valledupar y al tiempo llevar agua a tierras de cultivos. Pero es un proceso que tomará su tiempo – y no pocos riesgos- en diseños, financiación, contratación, concertación con la comunidad y la construcción, aunque somos optimistas en su buen desarrollo.

Pero para cubrir los riesgos – aun en el probable caso de que Besotes se programe ejecutar antes del 2040- deben hacerse los estudios de evaluación técnica-ambiental y económica para que una tubería de 45 km pueda traer agua a la ciudad desde El Cercado, como reserva estratégica. De ser eso posible, no debe menoscabar en ninguna medida la atención de agua del hermano departamento y la real capacidad de la fuente hídrica.
Esa red será en el futuro una conexión de ambos embalses o sistemas que permitirá el flujo hídrico de doble vía que según se requiera podrá abastecer los déficit de las poblaciones de la amplia región, en las dos circunscripciones departamentales.

Así habremos visto que el propósito de la integración de los departamentos, la conjunta preservación de las fuentes hídricas y el bienestar de la población concurrirán para bien.

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