Publicidad
Categorías
Categorías
Columnista - 15 febrero, 2010

De caderas

Por: Luis Augusto González Pimienta Con ocasión del pasado Reinado Nacional de la Belleza -nunca exento de conflictos- llovieron críticas por la forma en que fue inicialmente descartada y luego reincorporada la representante del departamento del Valle del Cauca. La bella Diana Salgado fue seleccionada entre varias concursantes para representar a la próspera región. Luego […]

Por: Luis Augusto González Pimienta

Con ocasión del pasado Reinado Nacional de la Belleza -nunca exento de conflictos- llovieron críticas por la forma en que fue inicialmente descartada y luego reincorporada la representante del departamento del Valle del Cauca.

La bella Diana Salgado fue seleccionada entre varias concursantes para representar a la próspera región. Luego fue despojada de su título porque el comité regional de belleza  consideró que tenía unas caderas muy pronunciadas, desacordes con el prototipo de las reinas actuales. Por vía de tutela (santo remedio para reparar entuertos) logró su reintegro. El que no haya quedado entre las diez finalistas era de esperarse, porque a los dirigentes del reinado no les gusta que nadie se entrometa en sus asuntos. Ni siquiera la justicia.

Los hombres todos, protestamos por la vil afrenta a nuestro gusto. El arquetipo de mujeres flacas, altísimas, que han impuesto los manejadores de los concursos universales no consulta el concepto estético que nos proporciona deleite visual. Los organizadores de los reinados ecuménicos buscan modelos para proveer a los patrocinadores; criterio bien diferente del que llena nuestras pupilas. Las modelos muestran una belleza fría, distante. La mujer que nos gusta es expresiva y lo demuestra corporalmente.

Pero hay más. Un estudio reciente de científicos de la Universidad de California llegó a la conclusión que las mujeres de caderas anchas tienen un mayor coeficiente intelectual, al igual que sus descendientes. Para obtener este resultado entrevistaron a 16 mil mujeres a las que les tomaron sus medidas antropométricas e hicieron pruebas de inteligencia. El estudio resalta que la grasa acumulada alrededor de las caderas determina un mejor desarrollo cerebral e inhibe los problemas cardíacos y la infertilidad, obrando como antiinflamatorio natural. ¡Vaya pues!

Otros especialistas arguyen que las mujeres de caderas marcadas duran más que las de caderas escurridas, aunque sin proporcionar una prueba de su aserto. Lo cierto, lo indudable, es que a la vista del hombre las primeras atraen más.

En alguna oportunidad comenté con algunos tertulianos el alto coeficiente intelectual de Shakira. Sus respuestas en las entrevistas son fantásticas. Si a esa inteligencia se le suman sus caderas, su cadencioso e incitante movimiento, su inspiración como compositora y su estilo musical, necesariamente tenía que ser lo que es: una triunfadora.

Y que no me vengan con el cuento de que sus caderas no influyeron. Por ahí comenzaron a mirarla. Después la admiraron por ese y otros dones, como lo podría confirmar su eterno novio Antonio De la Rúa, un argentino que también debe tener lo suyo, cuando trae a nuestra cantante “enmoquillada”.

Dígase lo que se diga, las preferimos caderianchas. Las estrechitas podrán ser reinas de belleza pero no alcanzan a conturbarnos. Las caderonas permiten fijar la mirada, provocan los más originales piropos, inspiran canciones. Definitivamente hay que creer en el estudio de los científicos norteamericanos: sí, hay conexidad entre las caderas anchas y la inteligencia, y contrario a lo que piensa Isabella Santodomingo los hombres las preferimos  inteligentes.

Columnista
15 febrero, 2010

De caderas

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Luis Augusto González Pimienta

Por: Luis Augusto González Pimienta Con ocasión del pasado Reinado Nacional de la Belleza -nunca exento de conflictos- llovieron críticas por la forma en que fue inicialmente descartada y luego reincorporada la representante del departamento del Valle del Cauca. La bella Diana Salgado fue seleccionada entre varias concursantes para representar a la próspera región. Luego […]


Por: Luis Augusto González Pimienta

Con ocasión del pasado Reinado Nacional de la Belleza -nunca exento de conflictos- llovieron críticas por la forma en que fue inicialmente descartada y luego reincorporada la representante del departamento del Valle del Cauca.

La bella Diana Salgado fue seleccionada entre varias concursantes para representar a la próspera región. Luego fue despojada de su título porque el comité regional de belleza  consideró que tenía unas caderas muy pronunciadas, desacordes con el prototipo de las reinas actuales. Por vía de tutela (santo remedio para reparar entuertos) logró su reintegro. El que no haya quedado entre las diez finalistas era de esperarse, porque a los dirigentes del reinado no les gusta que nadie se entrometa en sus asuntos. Ni siquiera la justicia.

Los hombres todos, protestamos por la vil afrenta a nuestro gusto. El arquetipo de mujeres flacas, altísimas, que han impuesto los manejadores de los concursos universales no consulta el concepto estético que nos proporciona deleite visual. Los organizadores de los reinados ecuménicos buscan modelos para proveer a los patrocinadores; criterio bien diferente del que llena nuestras pupilas. Las modelos muestran una belleza fría, distante. La mujer que nos gusta es expresiva y lo demuestra corporalmente.

Pero hay más. Un estudio reciente de científicos de la Universidad de California llegó a la conclusión que las mujeres de caderas anchas tienen un mayor coeficiente intelectual, al igual que sus descendientes. Para obtener este resultado entrevistaron a 16 mil mujeres a las que les tomaron sus medidas antropométricas e hicieron pruebas de inteligencia. El estudio resalta que la grasa acumulada alrededor de las caderas determina un mejor desarrollo cerebral e inhibe los problemas cardíacos y la infertilidad, obrando como antiinflamatorio natural. ¡Vaya pues!

Otros especialistas arguyen que las mujeres de caderas marcadas duran más que las de caderas escurridas, aunque sin proporcionar una prueba de su aserto. Lo cierto, lo indudable, es que a la vista del hombre las primeras atraen más.

En alguna oportunidad comenté con algunos tertulianos el alto coeficiente intelectual de Shakira. Sus respuestas en las entrevistas son fantásticas. Si a esa inteligencia se le suman sus caderas, su cadencioso e incitante movimiento, su inspiración como compositora y su estilo musical, necesariamente tenía que ser lo que es: una triunfadora.

Y que no me vengan con el cuento de que sus caderas no influyeron. Por ahí comenzaron a mirarla. Después la admiraron por ese y otros dones, como lo podría confirmar su eterno novio Antonio De la Rúa, un argentino que también debe tener lo suyo, cuando trae a nuestra cantante “enmoquillada”.

Dígase lo que se diga, las preferimos caderianchas. Las estrechitas podrán ser reinas de belleza pero no alcanzan a conturbarnos. Las caderonas permiten fijar la mirada, provocan los más originales piropos, inspiran canciones. Definitivamente hay que creer en el estudio de los científicos norteamericanos: sí, hay conexidad entre las caderas anchas y la inteligencia, y contrario a lo que piensa Isabella Santodomingo los hombres las preferimos  inteligentes.