A la cantadora y cocinera Tulia Ditta Mazo la muerte se le presentó tres días antes de su cumpleaños. Para entonces ya había escogido el vestido de flores, los aretes y el collar que luciría en la celebración de su natalicio. Su familia y amigos se preparaban para bailar, comer y tomar en su casa en Sabanalarga, Atlántico. Mientras que el grupo de cumbia, al que pertenecía, afinaba los instrumentos para amenizar la fiesta. Seguro que sus amistades, los que vivían en la plaza de Sabanalarga, como todos los años, estaban preparando los regalos que le darían a esta mujer ancestral.
Sin embargo, el grupo de cumbia terminó de afinar sus instrumentos y salieron a tocarle. Armaron el atril para ubicar la tambora, buscaron las sillas para que se sentaran los tamboreros, en esta oportunidad el escenario no fue el follaje de los árboles de mango del patio de su vivienda, sino al lado de su tumba. Y tras irrumpir la música, no hubo gritos de regocijos sino rostros llorosos y exclamaciones de dolor. Interpretaron ‘La cama berrochona’ o ‘El tumbé, tumbé’, que ella grabó, en los años 80, en aire de cumbia, en un proyecto musical dirigido por Juan del Vilar. Fue la última vez que se reunió este grupo que conformaba con Arnulfo Meza, Pedro Gutiérrez Raúl Mercado y Virgilio Sarabia.
Tulia fue una mujer que se destacó por quebrarle la columna vertebral a las rígidas reglas dictadas por el paternalismo, lo logró apoyándose en su vocación de cantadora y bailadora de cumbia y son de pajarito.











